Antes del puente se cruzaba por pasarelas inseguras y tambaleantes. A principios del siglo XIII, artesanos de Calvello, dirigidos técnicamente por los monjes benedictinos, que ejercían también de ingenieros y constructores de puentes, tendieron sobre el río La Terra un solo arco rebajado, de sillares de piedra sobre cimientos firmes, para comunicar a los habitantes del Piano con los del barrio de Sant'Antuono. El nombre viene de la iglesita que la gente del río había dedicado a San Antonio Abad, aquí llamado Sant'Antuono.
Qué ver
El puente se lee junto con lo que tiene alrededor: al norte las casas que trepan hasta el castillo, al oeste la ladera de la cadena montañosa por encima de los 1700 metros, al este el valle del Isca, al sur el resguardo del Timpo del Catagno. Debajo corre La Terra, un curso de agua de caudal continuo: Calvello es uno de los pocos núcleos habitados atravesados por un río así, y a lo largo del recorrido recoge regueros que bajan de vallejos y canales y aguas que, filtradas por gruesas capas de azufre y hierro dejadas por el antiguo volcán, salen a una garganta estrecha entre cascadas y pozas.
Esa agua no trajo solo comodidad. Una vez hecho el paso, el río fue motivo de enfrentamientos a veces violentos, porque servía para pescar, para regar los huertos y para beber, y cada orilla reclamaba su uso.
La visita
Hasta los primeros años del siglo XX el puente no había sufrido alteración alguna: había aguantado las inclemencias y los sucesos naturales tal cual. Su estado estático sigue siendo bueno, pero las intervenciones posteriores han dañado el conjunto, y se nota: el arco es la parte que quedó como era, y se lee mejor desde la orilla que desde la calzada.
El consejo de la redacción
Bajad hasta él desde el castillo y no al revés: haced el camino de los vecinos del barrio y, una vez abajo, seguid el río un trecho aguas arriba, donde la garganta se estrecha entre cascadas y pozas. Poneos calzado que pueda mojarse, porque aquí el agua corre todo el año.
