En 1846 Fernando II de Borbón fue huésped en el llano de Iscalunga, y la casa que lo acogió era el Palazzo Corbo. La familia Corbo, de Avigliano, pasaba aquí el verano, pero el edificio era sobre todo el centro administrativo de una hacienda que en el feudo de Lagopesole pasaba por una de las más avanzadas. Su fortuna la levantó Giulio Corbo, que ocupó cargos políticos de peso y llevó la explotación con criterios considerados innovadores para la época. Las crónicas del siglo XIX describen un edificio llamativo, lo bastante suntuoso como para resistir la comparación con los castillos medievales más conocidos.
Qué ver
Unos quince años después de la visita real, el mismo sitio aparece en papeles de muy otra clase. Iscalunga — que los documentos escriben también Iscalonga o Escalunga — era uno de los puntos de reunión de las bandas de Carmine Donatelli Crocco. En 1863 el capitán Della Chiesa persiguió aquí a un grupo de bandoleros que se replegaba entre el castillo de Lagopesole y la masería; el 30 de mayo de 1864 un telegrama del delegado de Avigliano al prefecto de Potenza anunciaba que guardia nacional y carabineros apostados en Iscalunga habían hecho un prisionero y que el cabecilla Malacarne había muerto.
La trayectoria de la familia se cerró pronto. Los Corbo decayeron a partir del final del siglo XIX, y palacio y hacienda fueron confiscados y entregados a la liga campesina de Lagopesole: la casa señorial de una de las explotaciones agrarias más avanzadas del feudo pasó a quienes trabajaban esa tierra.
La visita
El palacio pertenece hoy al Ayuntamiento de Filiano, que lo compró y lo rehabilitó: las salas recuperadas albergan un salón de congresos. No tiene horario de monumento, abre cuando hay actos, así que lo razonable es preguntar en el ayuntamiento antes de ponerse en camino. Iscalunga queda en pleno campo, fuera del pueblo, hacia Lagopesole, en el mismo llano que recorren las crónicas del bandolerismo.
El consejo de la redacción
Reserven en la misma jornada el castillo de Lagopesole: es el otro extremo del corredor que cruza este llano y fue, en aquellos años, el lugar donde los bandoleros capturados acababan ante el pelotón. El 28 de septiembre de 1862 fusilaron allí a Giuseppe Papariello, de Vietri, apresado en un choque muy cerca de Iscalunga.
