La misma pila cambió dos veces de oficio. Primero fue la fuente de una villa romana, alimentada por fistulae de plomo e impermeabilizada con cocciopesto; después, cuando sobre las termas se levantó un gran edificio absidado, quedó bajo el pavimento haciendo de cisterna. El conjunto de Torre degli Embrici, repartido entre los términos de Atella y Rionero in Vulture, funciona así de principio a fin: cuatro fases constructivas que se cortan y se reaprovechan entre sí, desde el siglo II a.C. hasta el abandono definitivo en el siglo VII d.C.
Qué ver
La fase más antigua es un complejo termal: calidarium y tepidarium con su horno, un pavimento de cocciopesto del que se conserva in situ un fragmento de mosaico polícromo, paredes cubiertas de estucos pintados. La datación procede sobre todo de las monedas, entre ellas un denario de plata situado entre el 145 y el 150 a.C. y, en la zona del praefurnium, una moneda de plata forrada de época triunviral. Entre los siglos II y III d.C. las termas se duplican hacia el sur, con un segundo calidarium y un segundo tepidarium; en esas salas aparecieron agujas para el cabello y fragmentos de vasos de vidrio, señal de una frecuentación femenina.
La tercera fase da la vuelta al cuadro. Sobre las termas abandonadas se levanta un edificio absidado de tres naves, quizá una basílica cristiana: 25 metros de anchura total y un ábside de casi 12. El viejo horno termal pasa a formar parte de un canal de drenaje hacia el este, donde dos canalillos gemelos y algunas muelas apuntan a un molino de agua para el grano. Junto a la pila convertida en cisterna, bajo el nivel del pavimento, apareció una tumba de tejas con un ajuar de una sola pieza: una cuenta de collar de vidrio azul decorada con ojos blancos. Todo acaba quemado, bajo un estrato de incendio y derrumbe con cerámicas y monedas de los siglos IV y V; después la cuarta fase, unos pocos muros y una pequeña necrópolis, antes del silencio.
La visita
Aquí no se visita un parque arqueológico sino una excavación interrumpida. La campaña decisiva es de 2004, dirigida por el arqueólogo estadounidense Richard Fletcher con investigadores de las universidades de Alberta, Sydney y Ben Gurión del Néguev; salieron parte del ábside, una moneda de Marco Aurelio Probo, emperador entre 276 y 282, y una Afrodita de mármol sin cabeza ni extremidades, hoy en el museo arqueológico de Melfi. Una intervención de la Superintendencia en 2006 dio poco; siguieron permisos en 2008 y 2011 y, en 2012, una campaña de mera limpieza. Desde entonces no se ha concedido ninguno más.
El consejo de la redacción
Hagan el recorrido al revés: primero Melfi y su museo arqueológico, para ver la Afrodita mutilada, y luego el terreno entre Atella y Rionero de donde procede. Y tengan presente una frase de hace dos mil años: Horacio, que conocía estas tierras, describía el Vulture como salvaje y sin caminos. Las cuatro fases de Torre degli Embrici dicen exactamente lo contrario.
