Un Elephas antiquus atascado en el fondo cenagoso de un lago que hoy ya no existe, abandonado a morir de hambre y luego descarnado allí mismo: esa es la escena que los investigadores han reconstruido a partir de los restos del yacimiento paleolítico de Atella, fechada entre 600 000 y 550 000 años antes del presente, en el achelense inferior. No fue un caso aislado. Las orillas de aquel lago eran terreno de caza: los grandes mamíferos bajaban a abrevar y grupos de homínidos los esperaban allí.
Qué ver
Del lago no queda nada en superficie, pero el depósito formado en sus márgenes conservó una cantidad de restos faunísticos, en gran parte de Elephas antiquus. Son ellos los que explican la función del lugar: no un poblado, sino un punto de agua al que llegaban los animales y donde se los esperaba.
La otra mitad de la historia es la industria lítica, y es la parte más rara. Buena parte de los útiles está hecha de radiolarita porosa, una piedra muy ligera e inservible para cazar: con eso no se abate un elefante. Los investigadores suponen que servía para el paso siguiente, el descarnado de las presas ya muertas. Un detalle mínimo que cambia la lectura del yacimiento: no un campamento estable, sino un sitio al que se iba para una sola cosa.
