El título latino dice enseguida lo menos evidente: ad Nives, de las Nieves. Santa Maria ad Nives fue la catedral de Atella y en el pueblo la siguen llamando Duomo, aunque la sede episcopal desapareció hace mucho. Del edificio antiguo sobrevive sobre todo la fachada de piedra, que se remonta al siglo trece y conserva el portal gótico y el rosetón; el interior, en cambio, es obra del siglo dieciocho. Entre ambas fechas se intercala una larga serie de reconstrucciones, y por eso la iglesia se presenta hoy como una suma de estilos yuxtapuestos sin transición.
Qué ver
La fachada de piedra es la parte que mejor se lee: el portal gótico y el rosetón pertenecen al siglo trece y son el rastro más claro de cómo era la iglesia antes de las reformas. En el frente hay además dos estatuas, san Antonio Abad y san Nicolás de Bari.
Dentro hay que buscar dos retablos separados por tres siglos largos: una Anunciación datable hacia 1500, todavía de concepción renacentista, y una Madonna della Neve de 1800. Es la segunda la que hace explícito el título latino que lleva la iglesia.
La visita
Lo apropiado es detenerse primero fuera, delante de la piedra: portal, rosetón, las dos estatuas. Solo después se entra, porque el salto entre la fachada del siglo trece y la nave del dieciocho únicamente se mide en ese orden. Es la iglesia principal de Atella y sigue abierta al culto, así que los horarios coinciden en la práctica con los de las funciones: quien llegue a mediodía puede encontrarla cerrada.
El consejo de la redacción
Miren los dos retablos en orden cronológico, primero la Anunciación de hacia 1500 y luego la Madonna della Neve de 1800: entre ambos median trescientos años y dos ideas distintas de lo que debe hacer una imagen sagrada. Salgan después y levanten la vista al rosetón: es la única pieza de esta iglesia que nunca ha cambiado de siglo.
