Sobre Maratea, en la cima del monte San Biagio, hay una estatua de Cristo de veintiún metros con los brazos abiertos, y lo curioso es cómo está puesta: no mira al mar, le da la espalda. Está vuelta hacia el interior, hacia la basílica que queda un poco más abajo, y quien llega desde la costa la ve primero por detrás.
Qué ver
La estatua se hizo entre 1963 y 1965 por el escultor florentino Bruno Innocenti, con una mezcla de cemento y esquirlas de mármol que le da el color claro. Las formas son simplificadas, casi escuadradas, con la cabeza ligeramente inclinada y las manos abiertas: no es una escultura devocional del siglo diecinueve, es una obra del veinte, y se nota.
Detrás está la basílica de San Biagio, el santuario de Maratea, y alrededor la cresta con el panorama sobre el golfo de Policastro. Desde allí arriba se ven la costa, los pueblos, y en los días claros Calabria y Sicilia; abajo, el acantilado cae a plomo hasta el agua.
La visita
Se sube desde Maratea por una carretera estrecha y sinuosa hasta un aparcamiento, y luego se sigue a pie un tramo corto; el acceso es libre y gratuito. Una hora entre subida, estatua y panorama. La carretera es exigente y en temporada alta el acceso puede estar regulado.
El consejo de la redacción
Vaya al atardecer y colóquese detrás de la estatua, del lado del mar: se ve la silueta negra a contraluz con el golfo detrás, y es el mejor encuadre. Pase después delante, por el lado que mira a los montes, y verá la cara iluminada por la última luz que llega desde detrás de sus hombros.
