En 1845 un desprendimiento dejó a la vista lo que quedaba de una iglesia excavada en la roca. De la Madonna delle Spinelle sobrevive hoy solo la capilla final: los restos de la nave se allanaron en los años setenta para ganar la explanada que se abre delante. En época medieval ni siquiera era un edificio autónomo, sino el remate de la basílica de Santo Stefano, una construcción paleocristiana de varias naves con capillas anejas.
Qué ver
La capilla tiene planta hexagonal: seis semicolumnas suben a sostener una cornisa, y esa geometría es prácticamente todo lo que queda del conjunto antiguo. No hay fachada que mirar ni nave que recorrer, se entra directamente en el final del edificio.
Al sitio se le ha pegado una tradición tenaz: aquí se habrían celebrado reuniones y asambleas, y de aquí habrían salido los soldados normandos guiados por Bohemundo hacia la primera cruzada en Tierra Santa, la que el papa Urbano II proclamó en la propia Melfi durante el concilio de 1089. Otra historia, confirmada en parte, habla de un largo túnel subterráneo que unía el conjunto con el castillo.
La visita
La explanada que hay delante de la capilla no es una explanada cualquiera: es la iglesia. Párate ahí antes de entrar y tómale la medida a lo que falta; luego busca la cornisa y cuenta las semicolumnas, que son seis. La sala es una sola y se agota enseguida: el tiempo conviene gastarlo fuera, rehaciendo con la vista las naves que ya no están.
El consejo de la redacción
Acércate después al castillo. La leyenda hace correr desde aquí hasta allí un túnel subterráneo, y el trecho que recorres en superficie te dice, mejor que cualquier cartel, lo que habría supuesto excavarlo.
