En 1860, 2096 votantes se apretaron en las salas del palacio episcopal de Melfi para proclamar la adhesión al Reino de Italia; pocas semanas después, el 15 de abril, las bandas de Carmine Crocco entraron en la ciudad y aquel voto quedó en nada. El edificio que los había acogido ya era antiguo: lo alzaron los normandos en el siglo XI junto a la catedral, y desde entonces no ha dejado de cambiar de forma.
Qué ver
La primera gran ampliación es del siglo XV y se debe al obispo Gaspare Loffredo, que trabajó entre 1472 y 1480; después de él metió mano Matteo Bramano. El terremoto de 1694 lo dejó casi en escombros, y la reconstrucción del siglo XVIII promovida por los obispos Antonio Spinelli y Pasquale Teodoro Basta le cambió casi por completo la cara: de entonces son el vestido barroco, la balconada sobre el portón principal y la fuente de pilón circular. En 1846 el cronista Cesare Malpica, de viaje por Basilicata, lo situaba entre los primeros palacios del Reino de las Dos Sicilias.
Dentro se suceden la escalera de dos tramos, el salón de los escudos ideado por Basta, la sala del trono con las paredes al fresco y un jardín cercado que quiso el obispo Mario Rufino. Esculturas y pinturas, de asunto sagrado y profano, se atribuyen entre otros a Francesco da Tolentino, Andrea Miglionico, Andrea D'Aste, Cristiano Danona de Amberes y Nicola Federici de Forenza. También está aquí la biblioteca episcopal, que guarda sus impresos del siglo XVI.
La visita
Hoy se entra sobre todo por el Museo Diocesano, que ocupa una parte del palacio. Lo instituyó en octubre de 1978 el obispo Armando Franco, pero el decreto quedó parado, llegó el terremoto de 1980 y las restauraciones se alargaron: la inauguración no llegó hasta el 6 de julio de 2011, con el cardenal Angelo Bagnasco presente. La entrada está al lado de la catedral; antes de subir la escalera, deténganse un momento en el patio, ante la fuente de finales del siglo XVIII.
El consejo de la redacción
No busquen aquí el sarcófago de Rapolla: el palacio lo custodió hasta finales de los años setenta y luego pasó al Museo Nazionale del Melfese, dentro del castillo. Junten las dos visitas en la misma mañana, las dos quedan en el casco antiguo.
