La fachada es renacentista, pero es solo un frente: el resto de la fábrica se considera medieval, y el palacio no hace nada por disimular el salto. Perteneció durante mucho tiempo a los Mandina, una de las familias ricas de Melfi, y de ese cambio de manos viene el nombre doble con el que todavía se le encuentra. Hubo además una época en que el edificio dejó de ser una casa: allí se instaló el tribunal.
Qué ver
Lo bueno está justo en el contraste entre las dos almas de la construcción: el dibujo regular del frente renacentista y la masa más antigua que queda detrás, que ninguna reforma posterior ha llegado a uniformar.
El palacio da a un jardín público donde hay dos bustos de bronce, el del senador Floriano Del Zio y el del diputado Arduino Severini. El apellido Araneo, por lo demás, no aparece solo aquí en Melfi: es el de Gennaro Araneo, el historiador local que en 1866 puso por escrito las tradiciones sobre los orígenes de la ciudad, incluida la que hacía llegar a sus fundadores desde Ragusa.
La visita
Este es un palacio que se lee desde fuera, y el sitio adecuado para hacerlo es el jardín al que se abre: desde ahí la fachada entra entera, algo que en los callejones del casco antiguo pasa pocas veces. Melfi tiene varios palacios nobiliarios reconvertidos, el Palazzo della Corte fue ayuntamiento durante más de un siglo y el Palazzo Donadoni acoge el museo cívico, y este, con su pasado de tribunal, está en la misma lista.
El consejo de la redacción
No te quedes en el frente: da la vuelta al edificio. El Renacimiento es la cara que mira al jardín, y basta con doblar la esquina para que el palacio cambie de tono y vuelva a ser la construcción más vieja que siempre fue. Después regresa a los dos bustos y lee los nombres: un senador y un diputado, en bronce, bajo las ventanas de lo que fue el tribunal.
