🏰 Castillos y palacios

Porta Venosina

📍 Melfi, Basilicata · 46/100

El vacío junto a la puerta Venosina es reciente: entre 1909 y 1912, con Attilio di Napoli de alcalde, se derribaron amplios tramos de la muralla de Melfi para unir el casco antiguo con los arrabales crecidos fuera. La brecha sigue ahí y por ella pasa una de las calles principales de la ciudad; la puerta, en cambio, se quedó en su sitio y es la única de las puertas medievales de Melfi conservada en buen estado.

Qué ver

El vano es un arco apuntado que apoya sobre capiteles en forma de tronco de pirámide invertida, encajado entre dos bastiones cilíndricos sin aberturas en la base, para no ofrecer puntos débiles. El zócalo es oblicuo y se enlaza con el cuerpo superior mediante una moldura convexa horizontal que marca el cambio de pendiente; por encima corre el camino de ronda. La piedra es la oscura del Vulture, volcánica, cortada en sillares escuadrados: el mismo material de toda la muralla.

Sobre el arco hay una lápida rectangular de época aragonesa, medio borrada y hoy ilegible, flanqueada por dos escudos, un grifo y un basilisco. Antes que esa, en 1231, en tiempos de las Constituciones de Melfi, Federico II hizo colocar otra que empezaba con «Vetustas me destruxit, Federicus me reparavit», la antigüedad me destruyó, Federico me reparó. Quedan además dos pequeñas hornacinas que con toda probabilidad albergaban imágenes sagradas.

La visita

La puerta está en el lado meridional de la muralla y se abrió hacia 1080, cuando los normandos ampliaron el perímetro defensivo tras levantar la nueva catedral fuera de las murallas viejas; en la plaza de delante se instalaron los templarios, y desde allí un eje recto, el actual corso Garibaldi, sigue llevando a la catedral. Roger II la rehízo en parte en 1130, mientras que los dos bastiones cilíndricos llegaron hacia 1460 con Giovanni II Caracciolo, entonces señor de la ciudad, que adaptó los muros a los cañones. Los terremotos de 1694 y 1851, que arrasaron el resto de Melfi, la dejaron casi intacta.

El consejo de la redacción

Cruzada la puerta, caminad junto a la muralla hacia el este, más allá del segundo bastión: en ese tramo, en 1528, las minas de Pedro Navarro, al servicio de los franceses, abrieron el hueco por el que el ejército entró en la ciudad. La matanza que siguió pasó a la historia como Pascua de sangre, y el asedio se recrea cada año con la puerta entre los escenarios principales.

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