La iglesia de San Vincenzo ocupa la parte alta de San Severino Lucano, por encima de la hilera de casas que el casco antiguo alineó a lo largo de su única calle principal. Está dedicada a san Vicente Ferrer, patrón del pueblo, y su fiesta cae el segundo domingo de julio. El núcleo es joven para lo que se estila en Basilicata: se formó hacia el siglo XV, ligado a la colonización agrícola que impulsó la abadía del Sagittario, y hasta 1806 este territorio dependió de Chiaromonte. Sólo con el ordenamiento napoleónico San Severino se constituyó en municipio, y en 1820 añadió «Lucano» a su nombre.
Qué ver
La fachada es la parte que ha aguantado: ahí es donde el edificio conserva su estructura original. No esperéis grandes aparatos arquitectónicos, porque San Severino no los tiene — su historia reciente no le dejó monumentos de peso, y las dos iglesias principales del pueblo valen por lo que guardan dentro más que por su tamaño.
Lo que ésta guarda es un crucifijo de madera de 1500, más antiguo que cualquier cosa que muestre la otra iglesia del pueblo: la Chiesa Madre, en la piazza Marconi, dedicada a Maria Santissima degli Angeli, mantiene todavía su planta del siglo XVIII. De las dos, San Vincenzo es la que conserva la pieza más vieja.
La visita
Se sube a pie. El casco antiguo creció sin plan, en hilera a lo largo de la calle principal, y para llegar a la iglesia hay que dejarla y meterse por los callejones propios de los pueblos de montaña, donde aparecen portales de piedra y casonas de la segunda mitad del siglo XIX. El pueblo está a 877 metros de altitud y la iglesia ocupa su punto más alto: la subida es corta, pero es una subida. Mirad la fachada antes de entrar, porque es lo más antiguo que veréis aquí, y sólo después buscad el crucifijo dentro.
El consejo de la redacción
No volváis por el mismo camino: bajad hasta la parte baja del pueblo, donde las tres fuentes se han vuelto a poner en funcionamiento y una está bien restaurada; del punto más alto del caserío al más bajo se tarda pocos minutos. Y si podéis elegir la fecha, venid el segundo domingo de julio: es el día de san Vicente Ferrer, y la iglesia deja de ser un sitio que se visita para convertirse en el centro del día de todos.
