En Bagnoli, donde durante noventa años funcionó la acería que dio trabajo a media Nápoles y envenenó su mar, se construyó un museo de la ciencia. Abrió en 2001 dentro de los edificios recuperados de la fábrica, como primera pieza de la transformación de aquella zona, y durante años fue el museo científico más visitado del sur.
Qué ver
El centro está pensado para que jueguen los niños: montajes para tocar, experimentos para hacer con las manos, talleres y explicaciones que piden probar en vez de leer. Está el planetario, uno de los mayores de Italia, con proyecciones sobre el cielo y el universo, y los recorridos dedicados al cuerpo humano, con maquetas e instalaciones interactivas.
En 2013 un incendio intencionado destruyó el cuerpo principal del museo, el de los montajes históricos. La institución siguió funcionando con lo que quedaba, reconstruyó y abrió secciones nuevas, y hoy el conjunto está de nuevo en actividad: es una historia de destrucción y de regreso que Nápoles conoce bien.
La visita
El museo está en via Coroglio, en Bagnoli, a veinte minutos en coche del centro o en metro hasta Bagnoli y luego a pie; entradas separadas para las secciones, con día de cierre semanal. Media jornada con niños.
El consejo de la redacción
Salga al lado del mar y mire: delante está el islote de Nisida, a la derecha la costa de Posillipo, y en medio el esqueleto de la antigua acería con el pantalán que entra en el agua. Es uno de los panoramas más raros de Italia, industrial y mediterráneo a la vez, y vale el viaje por sí solo.
