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🖼️ Museos

Museo nazionale di Capodimonte

📍 Napoli, Campania · 80/100

Carlos de Borbón subió al trono de Nápoles y se encontró con un problema entre manos: las obras de arte heredadas de su madre, Isabel de Farnesio, es decir la colección familiar iniciada por el papa Pablo III en el siglo XVI. Estaban repartidas entre Roma y Parma, y las piezas llevadas a Nápoles acababan en los depósitos del palacio Real, donde no había una galería de verdad y donde hasta la cercanía del mar amenazaba los lienzos. En 1738 el rey mandó empezar en la colina de Capodimonte la construcción de un palacio pensado desde el principio como museo, con las obras destinadas a las salas orientadas al sur, hacia el mar.

Qué ver

El corazón es la colección Farnesio, con Rafael, Tiziano, Correggio, Parmigianino y Aníbal Carracci, y con los cartones preparatorios de Miguel Ángel para la capilla Paulina y los de Rafael para la estancia de Heliodoro. Al lado está la Galería Napolitana, hecha de obras llegadas de las iglesias de la ciudad y de los alrededores, traídas aquí para ponerlas a salvo. Y luego la colección de estampas y dibujos comprada al conde Carlo Giuseppe di Firmian, unas veinte mil hojas con Durero y Rembrandt dentro, y una colección de arte contemporáneo en la que destaca el Vesuvius de Andy Warhol.

La visita

Los primeros lienzos se colocaron en 1758, con el palacio aún incompleto, en doce salones divididos por artistas y por escuelas. Cuáles eran exactamente no lo sabemos, porque los anuarios de la época se destruyeron en la Segunda Guerra Mundial. Vinieron a verlos Fragonard, el marqués de Sade, Joseph Wright of Derby, Canova, Goethe y Winckelmann. En 1785 Fernando I dio al museo un reglamento que fijaba los horarios, las tareas de los guardas y el acceso de los copistas: la gente común, en cambio, no podía entrar libremente como ya ocurría en otros museos borbónicos, sino solo con un permiso de la Secretaría de Estado.

El consejo de la redacción

Esta colección ha viajado más de lo que parece. Entre los años veinte y treinta del siglo pasado se cedieron bastantes piezas, en parte a Parma y Piacenza, como resarcimiento de lo que Carlos de Borbón se había llevado, en parte para amueblar el Quirinal, Montecitorio, el palacio Madama, las embajadas y las universidades. Al estallar la guerra los cuadros se llevaron a la abadía de Cava de' Tirreni y luego, ante el avance alemán, a Montecassino, pero la división Goering consiguió igualmente sustraer obras de Tiziano, Parmigianino, Sebastiano del Piombo y Filippino Lippi: se hallaron en una cantera cerca de Salzburgo y volvieron a Nápoles en 1947. Al final fue Bruno Molajoli quien reunió aquí todas las pinturas, atendiendo una petición que Benedetto Croce hacía desde hacía años: dejar al Museo Arqueológico solo las antigüedades. Por eso Nápoles tiene dos grandes museos en vez de uno. Capodimonte se inauguró en 1957.

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