Es el edificio más grande de Nápoles y uno de los mayores de Europa: la fachada supera los trescientos metros. Lo quiso en 1751 Carlos de Borbón y lo proyectó Ferdinando Fuga para reunir a los pobres de todo el reino en un solo sitio, dándoles cama, trabajo y una regla. El proyecto preveía cinco patios; se construyeron tres, y el edificio nunca se terminó.
Qué ver
Desde fuera se camina junto a un muro que parece no acabar nunca, marcado por ventanas todas iguales: es la arquitectura de la institución, pensada para contener a miles de personas y para decírselo a quien pasa. Dentro están los patios enormes, corredores de cientos de metros y la iglesia central que quedó sin terminar, con los muros en bruto.
Con los siglos el edificio fue hospicio, escuela, reformatorio y tribunal de menores, luego lo dañó el terremoto del siglo veinte y quedó en gran parte abandonado. Desde hace años está en restauración por partes, y algunas zonas reabren para exposiciones, visitas guiadas y actos mientras la obra continúa.
La visita
El edificio está en piazza Carlo III, a diez minutos del museo arqueológico; el acceso se limita a las zonas restauradas y depende del programa de visitas e iniciativas: hay que comprobarlo antes, porque el resto es obra. Una hora.
El consejo de la redacción
Recorra a pie toda la fachada de un extremo a otro, por la acera: se tardan varios minutos, y esa caminata es la manera más directa de entender de qué escala estamos hablando. Ninguna fotografía consigue meterlo en un encuadre, y es exactamente por eso que se construyó así.
