En Monte San Giacomo el agua hace algo que aquí es normal y en otros sitios no: desaparece bajo tierra y reaparece más allá. El territorio, todo caliza, está lleno de hoyas cerradas donde la lluvia se junta y se la tragan — en los Vallicelli y en Pian di Varlacarla los sumideros siguen funcionando, mientras que en Fossetelle y en Pegliera se han taponado, y allí el agua se va tan despacio que se forman pequeños lagos temporales capaces de durar buena parte de la estación húmeda. El sumidero de Varlacarla, que los espeleólogos llaman también Grava della Funnatura, drena él solo una cuenca cerrada de unos dos kilómetros cuadrados y desemboca en un conducto fangoso y en parte inundado: desde 1968 la Asociación de Espeleólogos Romanos explora el sistema, y en su ramal superior ha encontrado dos enterramientos prehistóricos. Alguien, hace miles de años, bajó ahí abajo a enterrar a sus muertos.
Las aguas, además, tienen aquí nombres que valen por sí solos el viaje. El torrente principal se llama Zia Francesca, tía Francisca: nace en el manantial de Capo di Fiume, es decir en el punto en que el sistema cárstico devuelve lo que ha tomado, excava un valle estrecho y en el paraje de Scarroni se convierte en un verdadero cañón. De la vertiente nororiental del monte Cervati baja en cambio el Fosso dell'Acqua che Suona, el arroyo del agua que suena, alimentado por el manantial homónimo y por la Fontana degli Zingari; atraviesa este territorio y luego, al entrar en el de Sassano, cambia de nombre y se convierte en el torrente Peglio. El municipio está en el parque nacional del Cilento, Vallo di Diano y Alburni, sube de cuatrocientos cincuenta metros a más de mil setecientos, y el pueblo está a 669 metros, al pie de la Croce della Difesa.