Monti ha sido siempre una frontera. En época romana pasaba por aquí el límite entre los territorios que dependían de Olbia y los que controlaba la tribu rebelde de los balares, que ocupaban los montes de Alà hasta el actual término de Perfugas: la frontera corría a lo largo del río Scorra-boe, donde el siglo pasado se halló un mojón con una clara inscripción latina. La frontera ha quedado, aunque hoy sea lingüística: en gran parte del municipio se habla el logudorés septentrional, y en la zona más oriental el gallurés.
El feudo se concedió dos veces por dos autoridades rivales: el quince de febrero de 1412 por Guglielmo di Narbona, pretendiente a la sucesión de los Arborea, y de nuevo en 1420 por Alfonso V de Aragón, que confirmó la misma concesión al sasarés Pietro Defenu. Más tarde se convirtió en baronía de los Farina; extinguida la familia volvió a la corona y quedó englobado en la baronía de Silvas de intro, un trecho del Montacuto tan despoblado que en el siglo dieciocho Monti era su único núcleo verdadero. En el término se extiende el bosque de Monte Olia, patrimonio regional desde principios del siglo veinte, donde viven ciervos, jabalíes, muflones y cabras salvajes. La estación de Monti-Telti funciona desde 1880 y fue cabecera de un segundo ferrocarril a Tempio Pausania, cerrado en 1958.
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