Genazzano tiene 5.959 habitantes sobre un estrecho espolón de toba entre dos cursos de agua, en una posición que permitía a los Colonna, desde su castillo, controlar el camino entre Roma y Nápoles. El escudo del pueblo, sin embargo, recuerda algo muy distinto: el desafío de Barletta de 1503, trece caballeros italianos contra trece franceses, porque uno de los trece, Giovanni Brancaleone, era de aquí. En la segunda mitad del siglo diecinueve el ayuntamiento puso en el escudo trece triángulos celestes, uno por caballero, y todavía hoy cada año el desafío se vuelve a escenificar.
La historia más hermosa pertenece sin embargo al santuario. La tradición cuenta que en 1467 una anciana terciaria agustina, Petruccia di Ienco, gastó todos sus bienes para levantar una iglesia en ruinas; agotado el dinero, sus paisanos empezaron a burlarse de ella, y ella respondió que antes de morir la Virgen y san Agustín terminarían las obras. Ese mismo año, mientras los turcos asediaban Scutari en Albania, un fresco de la Virgen con el Niño se habría desprendido de un muro de allá para llegar a Genazzano el veinticinco de abril y posarse sobre la iglesia inacabada. El papa Pablo II mandó a dos obispos a verificarlo, y de su informe no ha quedado nada: ha quedado la cuenta. En los libros contables vaticanos consta que, de vuelta del viaje a «Janazzano», se les reembolsaron veintidós florines y sesenta bolognini. La imagen sigue allí, y en 2025 el papa León XIV, elegido dos días antes y agustino él mismo, escogió precisamente este santuario para su primer viaje fuera del Vaticano.