La reserva natural del Monte Catillo es un área protegida del municipio de Tivoli, creada en 1997, que se extiende por más de mil trescientas hectáreas. La cima más alta es el monte Catillo, en el que hay una cruz.
Qué ver
Es una zona ecotonal, donde se superponen dos ecosistemas distintos, y por eso tiene una gran diversidad de plantas: praderas, matorrales y bosques de composición muy variada. Característico es el alcornocal, con un sotobosque muy pobre, junto a raros ejemplares de Quercus crenata. De gran interés botánico es la presencia de especies balcánicas y orientales como el estoraque, el árbol de Judas, la espina de Cristo y el carpe oriental. En las zonas más interiores y en las laderas orientadas al norte, más frescas y húmedas, domina en cambio el bosque de rebollo, con algunos ejemplares centenarios y un sotobosque de carpe oriental, espino albar, fresno de flor, cornejo y arce campestre; más raramente se encuentran el castaño y el álamo temblón.
Pese a la cercanía de los núcleos habitados, la reserva alberga muchas especies silvestres típicas de los Apeninos. Entre los mamíferos se ven con facilidad el jabalí, el zorro, la liebre, el tejón, el puercoespín y el lirón gris. Entre las aves hay rapaces diurnas como el cernícalo y el ratonero, nocturnas como el cárabo, el mochuelo y el autillo, y además curruca capirotada, carbonero común, herrerillo, mirlo, pito real, pico picapinos y torcecuello.
La visita
La reserva está en el término de Tivoli y forma parte de las áreas protegidas del Lacio. Conviene comprobar senderos, accesos y posibles normas de visita con el ente gestor, que tiene una página en el portal de los parques del Lacio.
El consejo de la redacción
Bajo el monte Catillo pasa el Traforo Gregoriano, el canal que el arquitecto Clemente Folchi construyó por voluntad del papa Gregorio XVI tras la crecida de 1826 para desviar el Aniene, lo que dio origen a las cascadas de la Villa Gregoriana a los pies de la ciudad.


