En 1438 los partidarios del ducado de Milán desmantelaron todo el perímetro del castillo; pocos años después fueron los vecinos de Camogli quienes levantaron de nuevo los muros a su costa, por 450 liras genovesas según un documento de la época. Esa cifra explica mejor que nada lo que fue el Castello della Dragonara: no la residencia de un señor, sino la obra colectiva de un pueblo de marineros, alzada y derribada al ritmo de las guerras ligures. La fecha de fundación sigue siendo incierta, porque las fuentes conservadas son fragmentarias: con toda probabilidad la primera mitad del siglo XI.
Qué ver
El castillo ocupa la roca de la via Isola, sobre el puerto y junto a la basílica de Santa Maria Assunta. Nació como puesto de vigía y defensa del pueblo y del mar frente al acantilado, pero para los camoglini fue algo más: el lugar donde se reunían para elegir a sus representantes en la administración y la justicia, y donde se refugiaban cuando los piratas asomaban desde el mar.
El resto es una crónica de asedios. Un documento de la segunda mitad del siglo XIV registra los refuerzos y las armas enviadas por el Senado de la República de Génova; en ese mismo siglo llegaron los ataques de Gian Galeazzo Visconti y, en 1366, el de Nicolò Fieschi. Entre 1428 y 1430 los habitantes ampliaron la estructura, en especial la torre de vigía contigua. En 1448, con las relaciones entre Camogli, Recco y Génova ya envenenadas, la República exigió su destrucción inmediata y la consiguió: seis años más tarde el castillo estaba otra vez en pie, reconstruido por los vecinos y entregado al dux. En 1461 se decidió una nueva demolición que la política acabó anulando. Desde el siglo XVI, perdida la función defensiva, el edificio sirvió de prisión.
La visita
Se llega a pie desde el puerto, unos minutos de subida hasta la punta de la Isola. Conviene saber qué se veía aquí en los años setenta del siglo XX: tras décadas de abandono el castillo se recuperó para albergar el acuario tirreno del organismo local de turismo, con tanques de agua marina poblados por la fauna del mar de Camogli. El guarda salía él mismo a conseguir peces, crustáceos y moluscos; la estrella era un mero grande, acompañado de morenas, langostas y ermitaños. Al cerrar, los animales fueron al acuario de Génova, del que la Dragonara había sido un anticipo en pequeño.
El consejo de la redacción
Subimos cuando el mar está movido y el lebeche golpea la roca: desde arriba se entiende enseguida por qué el pueblo pagó una y otra vez para mantener estos muros. Luego bajamos los pocos pasos hasta la basílica contigua y cerramos el paseo en el muelle, mirando el castillo desde abajo: era el punto de vista de los piratas.
