Cuarenta días de bombardeo y más de 10.000 disparos de cañón no bastaron: en la primavera de 1547 el ejército de la República de Génova se quedó clavado ante el castillo de Montoggio, donde Gerolamo Fieschi se había atrincherado tras el fracaso de la conjura de su hermano Gianluigi. A la rendición le siguió la demolición con explosivos, ordenada para que de la fortaleza no quedara nada. Lo consiguieron: del castillo que vigilaba el alto valle del Scrivia solo quedan escombros cubiertos por la vegetación, en una colina cercana al centro del pueblo.
Qué ver
Arriba hay una explanada de ruinas, no muros en pie. La planta, en cambio, se conoce bien gracias a los dibujos antiguos y a los documentos de archivo: la entrada estaba al oeste, en una fortificación cuadrada independiente, y un torreón-puerta daba paso a un patio rectangular de unos 70 metros de largo por 25 de ancho, cerrado por dos gruesos muros almenados llenos de saeteras. Al sur defendía el precipicio; al norte, la ladera empinada. Pasado un foso profundo, hacia el este, empezaba la parte habitada por los señores: un bloque cuadrado de unos 40 metros de lado con cuatro torreones circulares en las esquinas y, en el centro, la torre del homenaje redonda con la vivienda familiar.
Esos torreones son lo más interesante que cuenta la ruina. Hacia mediados del siglo XVI el castillo se reformó para aguantar las armas de fuego, siguiendo lo que Génova ensayaba con las fortalezas del Castelletto y de la Briglia: es la torre que se convierte en baluarte, pero todavía no el baluarte triangular que Giovanni Maria Olgiati levantaría en las Mura delle Cappuccine. En sus formas bajas recuerdan al torreón conservado del vecino castillo de Savignone.
La visita
El sitio es una ruina al aire libre sobre Montoggio, sin taquilla ni horarios: se sube a pie desde el pueblo y se camina entre restos sepultados por zarzas y árboles. Conviene calzado cerrado y un día seco, porque el terreno es irregular y el bosque se lo ha comido casi todo. Lo que uno se lleva no es la arquitectura sino la posición: desde allí arriba se entiende por qué los Fieschi eligieron este lomo para controlar el camino del fondo del valle.
El consejo de la redacción
Buscad el punto desde el que batieron el castillo. En marzo de 1547 Olgiati, enviado desde Génova con Antonio Doria y 200 infantes, señaló el mejor emplazamiento para la artillería en la Costa Rotta, sobre Granara, a unos 1.000 metros del castillo y a la misma altura. Mirar las ruinas desde allí arriba y no desde abajo explica el asedio mejor que cualquier cartel: Agostino Spinola llegó a reunir 2.000 hombres armados, rechazó comprar la rendición por 50.000 escudos de oro y tuvo que pedir a Ferrante Gonzaga otros 400 arcabuceros antes de vencer por hambre.
