Una mención del siglo X la da ya en pie en 935, y eso basta para situarla entre las iglesias parroquiales más antiguas de Liguria; unos papeles de un párroco local, ni oficiales ni verificables, la llevan incluso a 667. Como quiera que se cuente, en este punto del valle del Bisagno se reza desde hace más de mil años, y el edificio que hoy se ve procede de una reconstrucción del siglo XV.
Qué ver
El interior está dividido en tres naves: ese reparto viene de las obras del siglo XV, cuando la iglesia se rehízo en buena parte. Fuera, la pieza que cuenta es el campanario, que no se levantó solo para tocar. En la Edad Media servía de fortaleza contra las incursiones bárbaras, y su volumen se explica mejor por ese oficio que por las campanas.
La torre se construyó en 1237 gracias a un legado destinado justo a eso. La altura actual, unos treinta metros, llegó mucho después: en 1789 se la recreció, se enlució la iglesia y se plantaron los cipreses que todavía dan sombra al atrio. El primer reloj apareció diez años más tarde, en 1799, y el segundo en 1840. El conjunto de seis campanas en si bemol 2 ascendente se bendijo en julio de 1912; entre 1926 y 1927 se rehízo el pavimento y se levantó el pequeño templo dedicado a la Asunción, y en los años setenta se actuó sobre los cimientos, con una última intervención en 1975.
La visita
La iglesia está en piazza Conciliazione, en el centro de Bargagli, justo por encima de Génova remontando el valle del Bisagno. Es la parroquial del pueblo y sede del vicariato Medio-Alto Bisagno de la archidiócesis de Génova: es decir, una iglesia en servicio y no un monumento con taquilla, y los horarios más seguros siguen siendo los de los oficios. El atrio de delante, con los cipreses, es lo bastante ancho para mirar la fachada y el campanario sin pegarse al muro.
El consejo de la redacción
Nosotros llegamos poco antes de una misa de diario: es la manera más sencilla de encontrar la puerta abierta sin molestar a nadie y de oír trabajar a las seis campanas en vez de mirarlas desde fuera. Después nos quedamos en el atrio: los cipreses y la torre llevan juntos más de dos siglos, y es el único encuadre que cuenta lo que ha sido esta iglesia, lugar de culto y puesto de defensa en el mismo muro.
