El 27 de julio de 1745, tras semanas de combates, los ejércitos francés y español, aliados, tomaron la fortaleza que desde su peña controlaba el valle del Nervia. Fue la última batalla del castillo, y nadie volvió a levantarlo. El pueblo, llamado entonces Dulzana, y su fortaleza aparecen por primera vez en 1177, en un documento que los atribuye a los condes de Ventimiglia; en 1270 el feudo y el castillo los compró Oberto Doria, fundador del linaje que llegaría a dominar Génova, y con él el dominio familiar se extendió hasta Apricale, Perinaldo e Isolabona.
Qué ver
La parte más antigua es la torre circular del siglo XII, todavía en el centro del conjunto; en origen solo la acompañaba un pequeño edificio para el cuerpo de guardia. Todo lo demás es del siglo XVI: Stefano Doria añadió un baluarte con espolón en el lado oriental y las dos torres cuadradas gemelas que siguen dando su perfil a la ruina.
La planta se lee en dos bloques. El delantero servía al control del pueblo y al servicio diario de la guarnición, con cuerpos de guardia, almacenes y cárceles; el trasero, unido al primero por un patio amplio, albergaba las salas de aparato y las habitaciones de los señores. Al pie de los muros también merece una mirada la roca: el castillo se asienta sobre el flysch de Ventimiglia, y la pared expuesta muestra gruesos bancos de arenisca alternados con turbiditas, donde la secuencia de Bouma se distingue a simple vista.
La visita
Se sube a pie desde el casco viejo, por las callejas escalonadas que arrancan del puente medieval sobre el Nervia: diez minutos de peldaños y piedra pulida, mejor con calzado cómodo. El castillo pertenece al ayuntamiento desde 1942 y se visita con entrada; los horarios cambian entre verano e invierno, conviene comprobarlos antes de ir. No esperen salas amuebladas: son ruinas consolidadas, y lo que cuenta es la estructura y la vista sobre el valle.
El consejo de la redacción
Subimos a última hora de la tarde, cuando la luz rasante entra por las ventanas de las torres y los tejados de abajo se encienden de color. Luego bajamos por el lado opuesto y cruzamos el puente de lomo de asno: es el encuadre que Monet pintó en 1884, con el castillo justo encima.
