⛪ Iglesias y santuarios

convento di Santa Maria della Mota

📍 Dolceacqua, Liguria · 47/100

En 1151 una bula del papa Eugenio III confirmó la posesión del priorato de Santa Maria della Mota, fuera del casco urbano de Dolceacqua, como dependencia de la abadía de Novalesa, en el valle de Susa: el mismo año en que el pueblo aparece por primera vez en un documento oficial. El cenobio benedictino, levantado en época carolingia, controlaba numerosas iglesias y tierras del valle Nervia, y fueron sus monjes quienes difundieron aquí el cultivo del olivo y mejoraron el de la vid.

Qué ver

Del monasterio, citado también como Santa Maria de Muta, solo quedan ruinas: el conjunto fue destruido en 1744, durante la guerra de Sucesión Austriaca, el mismo conflicto que el 27 de julio de aquel año causó la destrucción parcial del castillo de los Doria y su rendición ante las tropas francoespañolas. Nadie lo ha reconstruido desde entonces.

La historia de su propiedad se lee como una lista de mudanzas monásticas: de los benedictinos de Novalesa a los de la abadía de San Pietro di Breme, en la Lomellina, luego al monasterio de San Pietro di Vasco cerca de Mondovì y después a los cartujos de la Certosa di Pesio, en tierras de Cuneo, que ya tenían el feudo de Airole. En 1446 el sitio pasó a los Doria, señores de Dolceacqua, que en 1623 lo donaron a los agustinos descalzos del convento genovés de Nostra Signora della Consolazione e San Vincenzo martire.

La visita

No es un lugar museístico: está fuera del casco urbano, sin horarios, sin taquilla ni guarda, y figura en el catálogo general de bienes culturales del Ministerio de Cultura italiano. Quien llega encuentra unas ruinas en pleno campo del valle Nervia, entre bancales de olivos y viñas que son, al fin y al cabo, la herencia más concreta de aquellos monjes. Calzado cerrado y atención al terreno: aquí no hay nada acondicionado.

El consejo de la redacción

Nosotros lo dejamos para el final de una mañana en el pueblo, después del castillo y del puente: así se entiende el hilo que une el priorato con el resto de Dolceacqua. Y lo cerramos en la mesa, con una copa de Rossese di Dolceacqua y un chorro de aceite de taggiasca: la vid y el olivo que los monjes de la Mota trajeron a este valle son la única parte de su trabajo que sigue viva.

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