Taggia venera como patrona a la Virgen Milagrosa, en su propio santuario. El título viene de un episodio preciso: en 1855 una estatua mariana dedicada al Corazón Inmaculado de María, obra del escultor tabiense Salvatore Revelli (1816-1859), habría movido los ojos repetidamente. Tras un proceso formal, la Iglesia católica declaró milagroso el hecho. Una estatua similar de Revelli, en la iglesia de los capuchinos de Loano, habría hecho lo mismo en 1864, mientras las leyes anticlericales piamontesas obligaban a los frailes a dejar su convento.
La fiesta más antigua, sin embargo, tiene otro origen: su primera edición se celebró el 12 de febrero de 1626, cuando los habitantes de Taggia cumplieron un voto hecho a san Benito Revelli, obispo de Albenga — diócesis a la que Taggia perteneció hasta 1831 —, a quien se habían encomendado para que la ciudad se librara durante la guerra de los Treinta Años. En torno a su figura corre también una tradición más antigua y del todo legendaria, que lo hace natural de Taggia y capaz de haber salvado la ciudad, siglos antes, de las incursiones sarracenas. Hoy, el último fin de semana de febrero, una recreación histórica con cortejo y escenas dramatizadas cuenta el origen de aquella fiesta y la vida del pueblo en el siglo XVII.



