🏰 Castillos y palacios

castello di Taggia

📍 Taggia, Liguria · 47/100

La torre de los Clavesana, en lo alto del cerro, está desmochada: el corte limpio es lo que queda de la destrucción ordenada por los genoveses después de 1228, el año en que Taggia pasó a los dominios de la República. El castillo ocupa una colina al oeste del casco urbano, ceñida por el rio Santa Lucia al sur y por el rio Barbarasa al norte, una posición de control que con toda probabilidad ya se usaba en época romana o antes. Las excavaciones dieron sobre todo fragmentos de cerámica, del prerromano a la Edad Media, hoy en el depósito del museo arqueológico de Sanremo. La fortificación que se recorre nace, sin embargo, hacia el siglo XI, cuando los señores de Clavesana, feudatarios del pueblo, levantaron aquí su castillo.

Qué ver

Buena parte de lo que sigue en pie procede de las ampliaciones que la República de Génova y la comunidad local llevaron a cabo en los siglos XVI y XVII sobre la primera fortaleza, ya derruida. En su versión completa el castillo tenía ocho puertas y ocho baluartes, rodeados de murallas que en el siglo XVI llegaron a englobar el convento de San Domenico. De aquel sistema siguen siendo legibles dos baluartes, el del Orso y el del Ciazzo, además de la torre desmochada de los Clavesana en la cima.

Para calibrar lo perdido conviene buscar dos imágenes: el cuadro conservado en el ayuntamiento y el mapa del cartógrafo Matteo Vinzoni, que muestran la fortaleza entera, tal como se mantuvo hasta el siglo XVIII. Después el relato se vuelve prosaico: en los años sesenta del siglo pasado se instalaron dentro de las murallas los depósitos del acueducto municipal y el lugar se degradó. La recuperación reciente le dio la vuelta y en 2016 se montó entre las ruinas un teatro que acoge espectáculos y actos culturales.

La visita

Se sube a pie desde el casco antiguo de Taggia, en la provincia de Imperia: el cerro es el que queda justo al oeste de las casas y el desnivel es corto pero continuo. El recinto está al aire libre y en ruinas, así que importa más el calzado que el horario; las piedras son irregulares y con lluvia resbalan. Merece la pena llegar hasta la cima, junto a la torre: desde allí se lee de golpe el trazado del pueblo, que desde la Edad Media creció hacia el este y hacia el sur, lejos del castillo y hacia el fondo del valle.

El consejo de la redacción

Si el calendario acompaña, aconsejamos hacer coincidir la subida con una noche de programación del teatro montado entre las ruinas: sentarse junto a los baluartes mientras el sol baja sobre el rio Barbarasa devuelve un castillo que ninguna visita diurna sabe dar. Si no, a primera hora de la mañana: la luz del este da de lleno en la torre de los Clavesana y hace evidente el punto por donde la cortaron.

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