En el rostro de santa Catalina, dentro de una Crucifixión pintada por Emanuele Macario da Pigna, siguen a la vista los golpes que le asestaron los piratas berberiscos durante la incursión de 1564: nadie los ha borrado nunca. Ese detalle explica el convento de San Domenico mejor que cualquier descripción. Lo fundó en 1459 el dominico Cristoforo da Milano y lo levantaron entre 1460 y 1490 los maestros comacinos Gasperino da Lancia y Filippo da Carlono. Hoy reúne uno de los mayores conjuntos de pintura ligur y nizarda.
Qué ver
El núcleo es Ludovico Brea, presente con cinco obras. En el altar mayor está el políptico de la Virgen de la Misericordia, pintado entre 1483 y 1488 con su hermano Antonio: la Virgen, de tamaño desproporcionado a propósito, abre el manto sobre los fieles arrodillados, entre los que se distinguen el papa y el emperador. Siguen el políptico de santa Catalina de Siena entre santa Águeda y santa Lucía, encargado en 1488 por las terciarias dominicas, el Bautismo de Cristo de 1495 y, por último, la Virgen del Rosario de 1513, donde un paisaje abierto sustituye al fondo de oro.
Al lado cuelga el políptico de Giovanni Canavesio con santo Domingo y los cuatro Padres de la Iglesia: el santo tiene los rasgos del beato Cristoforo y los blasones de las familias comitentes fueron raspados en tiempos de la República Ligur. La iglesia, dedicada a Santa Maria Misericordiarum, tiene doce altares, una Adoración de los Magos atribuida al Parmigianino y una Virgen del Rosario en mármol de Carrara de Giacomo Antonio Ponsonelli. El claustro alinea cinco arcadas por lado, bóvedas de crucería y lunetos con las Historias de santo Domingo pintadas en 1613.
La visita
El convento está en la piazza Beato Cristoforo, al borde del casco antiguo de Taggia. Desde el claustro se pasa a la iglesia, la sacristía, la sala capitular y la capilla de diario convertida en museo; el ala norte alberga el refectorio, con la Crucifixión que Canavesio pintó al fresco hacia 1482, donde santo Domingo vuelve a llevar la cara del fundador. La comunidad religiosa sigue activa: los horarios son reducidos, conviene comprobarlos antes y, mejor aún, avisar de la visita.
El consejo de la redacción
Dediquemos al políptico del altar mayor mucho más tiempo del que parece necesario y mirémoslo desde abajo, como lo veían quienes rezaban: los registros superiores, con Tomás de Aquino, Catalina de Siena y Vicente Ferrer, se atribuyen al hermano Antonio y delatan otra mano, más seca. Volvamos después a la Crucifixión de Macario: esos tajos en el rostro son el único testimonio visible de una jornada del siglo XVI que en Taggia no se ha olvidado.
