El museo del vidrio de Altare ocupa una villa modernista encargada por un párroco. Villa Rosa se construyó entre 1905 y 1906 según el proyecto del arquitecto savonés Nicolò Campora, por voluntad de monseñor Giuseppe Bertolotti; sirvió de residencia de verano a la familia Saroldi y solo mucho más tarde se convirtió en la casa de la colección local de vidrios artísticos e industriales.
Qué ver
Los fondos reúnen las dos caras de la producción local: las piezas artísticas y las de uso corriente, salidas de los hornos del pueblo y de la zona. Es la materia de un oficio practicado en Altare sin interrupción del siglo XII al XX: vidrios «de toda clase y manera», vidrios para farmacias y hospitales, objetos de arte y, ya en el siglo XX, vidrios para la química capaces de aguantar los cambios bruscos de temperatura. En 1856 los hornos se unieron en una sola empresa cooperativa, la SAV, Società Artistico Vetraria, segunda cooperativa constituida en Italia.
El vidrio altarés nunca se quedó en el pueblo: sus maestros exportaban técnica antes incluso que objetos y abrieron hornos en media Europa. El más conocido, Bernardo Perotto, nacido aquí y activo en Orléans, obtuvo en 1688 de Luis XIV las patentes reales para colar el cristal en planchas, un procedimiento que permitió espejos de más de un metro cuadrado y siguió siendo el único sistema industrial hasta 1920. El edificio también forma parte de la visita: protegido desde 1986, comprado por el Estado en 1992 y restaurado durante una década por el servicio de patrimonio ligur.
La visita
Villa Rosa alberga también la biblioteca municipal, y el museo no siempre estuvo aquí: hasta 2004 tuvo sede provisional en el antiguo oratorio de San Sebastiano, levantado hacia el siglo XVI. Ese mismo año la villa pasó por convenio al Ayuntamiento de Altare y a la Fondazione Istituto per lo Studio del Vetro e dell'Arte Vetraia, que la gestionan. Altare está a once kilómetros de Savona, por la carretera estatal 29 del Colle di Cadibona; los horarios cambian con la temporada, conviene comprobarlos antes de salir.
El consejo de la redacción
Aconsejamos mirar la casa con la misma atención que las vitrinas: hierros forjados, vidrieras y decoración modernista son el marco exacto de esta colección, y no es casualidad, porque la villa nació cuando el arte vidriero altarés era todavía una industria en plena actividad. Y no se queden en las piezas de lucimiento: son los vidrios de farmacia y de laboratorio los que cuentan el oficio tal como fue, un trabajo de horno que aquí duró ochocientos años.
