Lozio es un municipio disperso: no hay una aldea que pueda llamarse capital, y el ayuntamiento está en Laveno. El territorio ocupa todo el Val di Lozio, con Laveno, Sucinva y Sommaprada en la parte baja y Villa en la cabecera de la hondonada. Que el lugar sea de origen romano lo dicen las monedas de bronce y de cobre con la efigie de Tiberio y de Constantino encontradas aquí y los nombres mismos de las aldeas, que vienen del latín: Villa, Sunciva de sub civis, Sonvico de summus vicus. En 1156 las crónicas registran una riña entre los habitantes de Lozio y los de Borno que, yendo en procesión a Cividate Camuno, se enfrentaron a la altura de Malegno. El pueblo tenía un horno de fundición donde se fundía el hierro que llegaba del Val di Scalve, y durante un tiempo, entre el siglo catorce y el quince, Bernabò Visconti le concedió formar parte precisamente de la comunidad de Scalve, antes de que entrara en la del Valle Camonica.
En el castillo de los Nobili de Lozio se consumó la matanza que lleva el nombre del pueblo: fue después de aquella carnicería cuando, entre 1411 y 1428, el feudo pasó a los Federici. Los Nobili empezaron a decaer desde el siglo dieciséis, vendiendo grandes trozos de sus latifundios a las comunidades de Scalve, Ossimo y Lozio, y en 1754 un litigio con la vicinia les hizo perder también el derecho de caza. De vicinie, aquí, había una por cada aldea, más una general que se reunía en el dos dei Consei, el altozano de los consejos; y en los registros de aquellas asambleas están anotadas las diferencias entre los dialectos camunos hablados en las cuatro aldeas, que sin embargo distan pocos centenares de metros una de otra. Cada aldea tiene también su apodo: Laigna en Laveno, Passèi en Villa, Canò en Sommaprada, Quàdoi en Sunciva. El trece de diciembre, por santa Lucía, los niños limpiaban las cadenas de las chimeneas arrastrándolas por las calles; el primero de enero los jóvenes iban por el pueblo con una romana para pesar a quien encontraran; y cuando una pareja de recién casados volvía al pueblo, en la entrada se encendía una hoguera. Un proverbio camuno dice: abajo por los valles, arriba por los altozanos, a Lozio no se llega nunca.