El tráfico de la aviación general milanesa aterriza a solo ocho kilómetros del Duomo, en la pista de Bresso, hoy base del Aero Club Milano; pero en la guerra esa misma pista servía para probar los aviones militares construidos por Breda, y el treinta de abril de 1944 un bombardeo aliado dirigido contra el aeródromo causó cinco víctimas. Sobre el nombre del pueblo quedan viejas dudas: podría venir del celta brig, colina o plaza fuerte, del nombre de la región francesa de Bresse, o de un terrateniente germánico llamado Berizzo. Más segura es su vocación agrícola, que dejó huella en el escudo municipal: en 1750 el censo teresiano contaba en Bresso veintiocho moreras y media por pertica, frente a una media lombarda de siete, más de cuatro veces la norma, fruto de un edicto de 1470 de Galeazzo Maria Sforza que obligaba a plantar hileras de moreras en el campo.
Después de la guerra, en 1942, el ingeniero Renzo Rivolta convirtió la villa dieciochesca de los Patellani, que había comprado en 1939, en la sede de su fábrica, la Iso Rivolta: de aquellos talleres salieron el Isetta y el Grifo, antes de que la zona, en 1969, se convirtiera en un parque público llamado como el propio Rivolta, con sus antiguos talleres reconvertidos más tarde en museo. Hoy Bresso, totalmente fundida con Milán y Sesto San Giovanni, es el municipio más densamente poblado de Italia fuera de la provincia de Nápoles, y los pequeños aviones que despegan de la pista ofrecen un contraste singular con el denso tejido residencial que la rodea.