Cuando en 1602 excavaron los cimientos de esta iglesia encontraron muros antiguos con anillas y cadenas: la tradición dice que aquí estaba la cárcel romana de Zebedia, donde estuvo preso san Alejandro, el soldado de la legión tebana que no quiso sacrificar a los dioses. Sobre la cárcel, desde el siglo quinto, había una iglesita; en 1589 llegaron los barnabitas, la encontraron pequeña y ruinosa y decidieron hacer una grande. El proyecto es del padre Lorenzo Binago, con Francesco Maria Richini para resolver los problemas de estabilidad: planta de cruz griega dentro de un rectángulo, columnas exentas sosteniendo las bóvedas, la cúpula terminada en 1626. Es uno de los primeros barrocos de Milán, y el modelo de media Italia del norte.
Qué ver
La iglesia se abre a una placita con la escalinata, y la fachada mira deliberadamente hacia otro lado: los carmelitas del cercano San Giovanni in Conca protestaron porque ya había demasiadas iglesias en el barrio, y los barnabitas tuvieron que aceptar no volverla hacia ellos. Dentro, el espacio: cuatro columnas libres bajo la cúpula, la luz que baja desde arriba, y una decoración que no deja un centímetro vacío, entre las más ricas de la ciudad.
El pavimento es de mármoles taraceados con dibujos geométricos, uno de los más bellos de Milán; el altar mayor, de piedras duras, lapislázuli, ágatas y amatistas, venía de la cartuja de Pavía y lo compraron los barnabitas cuando Napoleón la suprimió. En las paredes y las bóvedas, los pintores del siglo diecisiete lombardo, Daniele Crespi, el Moncalvo, Camillo Procaccini, Filippo Abbiati, con las historias de san Alejandro. Al lado, el colegio de los barnabitas, la escuela donde estudiaron Alessandro Manzoni y Carlo Emilio Gadda; y en la plaza, el palacio Trivulzio.
La visita
La iglesia está en la piazza Sant'Alessandro, a cinco minutos del Duomo hacia via Torino, metro Missori; entrada libre con horarios de iglesia y cierre a mediodía. Un cuarto de hora. La plaza, con los escalones y las mesitas, es uno de los sitios donde los milaneses se sientan en verano: pocos coches y mucha luz.
El consejo de la redacción
Mire el pavimento antes que las paredes: las taraceas de mármol forman dibujos que siguen de un tramo a otro, y caminar sobre ellos siguiendo las figuras es el modo en que la iglesia quería ser atravesada. Luego levante la mirada al altar mayor y piense que esas piedras duras llegaron aquí porque un emperador francés había cerrado una cartuja: medio Milán barroco está hecho de cosas salvadas de alguna supresión.
