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🖼️ Museos

Museo nazionale della scienza e della tecnologia Leonardo da Vinci

📍 Milano, Lombardía · 72/100

Un submarino en un claustro: el Enrico Toti, uno de verdad, llegado de noche a través de Milán en 2005, está en el jardín de un monasterio olivetano del siglo dieciséis y resume por sí solo la idea del lugar. El Museo de la Ciencia y la Tecnología lo quiso Guido Ucelli, un industrial que desde los años treinta soñaba para Italia un museo como el Science Museum de Londres o el Deutsches Museum de Múnich; consiguió el viejo convento de San Vittore, lo hizo restaurar por Piero Portaluppi y lo abrió el 15 de febrero de 1953, con De Gasperi, en el quinto centenario del nacimiento de Leonardo. Hoy es el mayor museo técnico-científico de Italia.

Qué ver

El corazón histórico son las Galerías Leonardo, con las maquetas de madera de los años cincuenta sacadas de los dibujos: la máquina voladora, el carro de combate, la sierra hidráulica, el tornillo aéreo, en un montaje renovado que pone al lado los códices, las pinturas de su círculo y las máquinas. Luego la ciencia por sectores: astronomía y espacio, con el péndulo de Foucault, las telecomunicaciones del telégrafo a la televisión, la energía con la central termoeléctrica Regina Margherita, el acero con el primer horno eléctrico de arco de Ernesto Stassano, la física de partículas, la alimentación, los materiales.

Los transportes tienen pabellones propios: el ferroviario, con la fachada reconstruida de una estación de finales del siglo diecinueve y las locomotoras lombardas; el aeronaval, con el puente de mando del transatlántico Conte Biancamano, el buque escuela Ebe de 1921 izado a cubierto, los cazas Macchi y los reactores de posguerra, y los medios de asalto de la Marina. El Toti, botado en 1967, se visita por dentro, en grupos pequeños, y al aire libre está la maqueta a tamaño real del lanzador Vega. Entre los claustros quedan los muros de un mausoleo imperial romano.

La visita

El museo está en via San Vittore, en Sant'Ambrogio, con el metro a dos pasos; cierra los lunes. Hace falta media jornada, y con niños más: los laboratorios interactivos, de la robótica a la genética, se reservan en la entrada y se agotan pronto. La visita al submarino tiene entrada y horario aparte. El restaurante y la cafetería están en el claustro.

El consejo de la redacción

No intente verlo todo: elija Leonardo, el submarino y un pabellón de transportes, y deje el resto para una segunda vez. Y busque la Sala de las Columnas y la Sala del Cenáculo, la antigua biblioteca y el refectorio de los monjes con las Bodas de Caná al fresco: son la parte del museo que nadie se espera.

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