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🏰 Castillos y palacios

Palazzo Litta

📍 Milano, Lombardía · 63/100

En corso Magenta, entre dos edificios cualesquiera, hay una fachada que se mueve: retrocede, sobresale, se hincha encima del portón y se llena de cornisas, ménsulas y figuras que sostienen los balcones. Es el frente más teatral del barroco milanés, añadido en 1752 por Bartolomeo Bolli a un edificio que llevaba allí ya un siglo. El palacio Litta se construyó desde 1642 para el conde Bartolomeo Arese, el hombre más poderoso del Milán español, y desde entonces ha cambiado tres veces de nombre, junto con las familias que lo habitaron.

Qué ver

La pieza fuerte es la escalera de honor: dos tramos que suben en paralelo y se encuentran en un rellano, todo en piedra clara, con la luz cayendo desde arriba. Se hizo para que los invitados fueran vistos mientras subían, y sigue funcionando así: quien la recorre, aunque sea un empleado que va a la oficina, es alguien durante veinte segundos. Abajo, el patio de honor con columnas pareadas es del siglo diecisiete, sobrio y ordenado, el contrario exacto de la fachada.

En la planta noble se abren las salas pintadas, entre ellas la sala roja, donde la tradición cuenta que en una baldosa del suelo hay engastada una perla: la lágrima de la duquesa Litta, vertida al despedir a su hijo que partía. Es una leyenda y nadie la ha demostrado nunca, pero en Milán se cuenta desde hace generaciones. En el palacio está también el Teatro Litta, uno de los más antiguos de la ciudad y todavía en activo.

La visita

El palacio está en corso Magenta, a cinco minutos de Cadorna y diez del Duomo. Hoy alberga oficinas estatales de cultura: el patio y la escalera pueden verse por lo general en horario de oficina, mientras que las salas nobles abren para exposiciones, conciertos y la semana del diseño, cuando el patio se convierte en uno de los sitios más concurridos de la ciudad. Media hora.

El consejo de la redacción

Antes de entrar, cruce el corso y mire la fachada desde la acera de enfrente: solo desde ahí se ve que el muro no es plano sino dibujado como una ola, y que las figuras bajo los balcones se doblan bajo el peso. Entre luego en el patio y vuélvase hacia el portón: desde dentro la fachada barroca desaparece y queda un patio severo del siglo diecisiete. Dos épocas, una puerta en medio.

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