Una leyenda de Castropignano atribuye al castillo 365 habitaciones, una por cada día del año. La cuenta no cuadra, pero explica bien qué aspecto tenía la residencia de los d'Evoli vista desde abajo: dos cuerpos de edificio sobre una explanada cortada a pico sobre el valle del Biferno, en el extremo norte del pueblo.
Qué ver
Giovanni d'Evoli, barón normando de Frosolone, hizo construir la fortaleza en 1362 bajo los Anjou, sobre los restos de un recinto samnita que a su vez se alzaba sobre fortificaciones más antiguas. El encargo era militar: vigilar la cañada Lucera-Castel di Sangro, la ruta por la que los rebaños bajaban hacia Apulia. De la familia son la torrecilla sur, la reforma de las salas de aparato y el piso subterráneo destinado a la servidumbre. Hacia el pueblo se abría un foso, luego cegado, y dos torreones unían el castillo con las casas.
Entre los siglos quince y dieciséis la fortaleza se convirtió en residencia señorial, llena de tapices y lienzos; la última ampliación es de 1683. Sus dueños pesaban en el reino de Nápoles: Andrea d'Evoli, consejero de Alfonso I de Aragón, escribió en 1447 el De mena pecundum, un tratado de normas para el paso de los rebaños por las cañadas. Después llegaron la venta del siglo diecinueve tras la abolición del feudalismo, el expolio del mobiliario para saldar deudas con el Estado, el abandono y los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, que hicieron deslizarse ladera abajo una parte del edificio.
La visita
Se sube a pie por la via Salita San Marco, luego via Marconi y via Castello: poco trecho, pero cuesta arriba todo el rato. El conjunto pertenece a la superintendencia de bienes culturales de Molise y volvió a ser accesible gracias a las obras de recuperación de los últimos años del siglo veinte. Hay pérdidas irreparables: la escalinata monumental del siglo dieciocho de Silvestri da Sepino y los arcos de la logia interior ya no existen.
El consejo de la redacción
Antes o después del castillo conviene acercarse al Cantone della Fata, el barranco rocoso ligado a la leyenda del jus primae noctis: una novia del pueblo, llamada Fata, habría preferido arrojarse al vacío antes que pasar la noche de bodas con el duque. Por allí, y también junto al castillo, asoman murallas ciclópeas fechadas entre los siglos quinto y tercero a.C.: la colina estuvo ocupada mucho antes de que llegaran los normandos.
