Al excavar los niveles más antiguos, los arqueólogos encontraron sobre todo armas. No eran las de los defensores: era botín, arrebatado a los enemigos vencidos y consagrado aquí a la diosa Victoria, la única divinidad cuyo nombre nos transmite con certeza una lámina de bronce hallada junto al templo mayor. Eso explica además una ausencia: en el resto del Samnio las armas antiguas aparecen rarísimas veces, porque acababan todas aquí arriba.
El santuario, a 966 metros en la ladera que mira al valle del Trigno, no era un lugar de culto como los demás. En los otros santuarios samnitas — San Giovanni in Galdo, Vastogirardi, Campochiaro, Schiavi d'Abruzzo — se celebraban juegos escénicos; aquí se reunía además el concilium, la asamblea del senado. Las inscripciones nombran a los magistrados supremos del Estado: el meddix tuticus, el censor, el cuestor. Es lo más parecido a una capital que tuvieron los samnitas pentros.
Qué ver
Teatro y templos nacieron de un único proyecto, obra de un arquitecto que quedó sin nombre, y las obras arrancaron hacia el 120 a. C., hasta que la guerra social secó toda financiación pública y privada. El teatro sigue modelos campanos: el esquema recuerda al de Sarno y al teatro pequeño de Pompeya, mientras que el podio del templo mayor repite el del templo de Capua. El templo menor, más antiguo, se alza al noreste y enlaza con el teatro mediante un pórtico con tiendas.
La sorpresa está en la planta del templo mayor. Sobre el podio, pasada la escalinata central, no hay una sola cella sino tres, a la manera etrusca y latina: debía de estar dedicado a una tríada, y sigue siendo el único caso conocido en la arquitectura itálica. Los edificios se alinean sobre ejes longitudinales paralelos, orientados al estesudeste; los ocho metros de desnivel entre los dos extremos de la terraza los absorbió el proyecto. Aquí nada es casual.
El consejo de la redacción
Alzad la vista hacia el Monte Saraceno, que cierra el horizonte a vuestra espalda. En la cima, a 1212 metros, quedan los muros poligonales de una fortaleza, pieza del sistema defensivo que los samnitas erigieron en el siglo IV a. C. tras su primer choque con Roma: aquellas plazas fuertes se veían unas a otras y formaban una red de control del territorio. El sendero que sube por la ladera oriental repite un trazado ya usado en la Antigüedad. Nunca pasó por aquí una gran carretera, y quizá por eso el santuario ha llegado hasta nosotros.
