El santuario está en lo alto de la colina de Monserrato, la que cierra Borgo San Dalmazzo por el lado de la montaña. Sus orígenes se remontan a la primera mitad del siglo diecisiete y se ligan al culto de la Virgen de piel oscura, venerada en Montserrat en España y en Oropa: tras la grave epidemia de peste que azotó el norte de Italia entre 1628 y 1630, los vecinos decidieron levantar un santuario a la Virgen en un lugar que ya era meta de peregrinaciones desde la Edad Media y que una gran cruz señalaba desde hacía tiempo. La primera mención segura es de 1651 y aparece en el libro de cuentas de la Cofradía de Santa Croce de Roccavione, que subía hasta aquí en procesión.
Qué ver
La construcción inicial era sencillísima: una sola nave, un alojamiento para el ermitaño y una sacristía. En el altar mayor había una estatua de la Virgen con el Niño, hoy conservada en el museo de la parroquia de San Dalmazzo. Lo que se ve ahora es fruto de dos siglos de añadidos: el campanario es de 1831, el pórtico con la vivienda del capellán es de 1836 y los pilones del Vía Crucis, hornacinas votivas con las estaciones de la Pasión talladas en relieve, son de 1902. En medio hubo un paréntesis violento: en 1794 los habitantes hicieron voto a la Virgen, prometiendo una procesión cada 25 de abril si se libraban de la ocupación francesa; en 1799 las tropas revolucionarias saquearon y devastaron la capilla, que fue restaurada y reconsagrada en 1801. Desde el siglo diecinueve en adelante, restauraciones y añadidos le dieron la forma actual.
La visita
Ante la iglesia se abre un amplio balcón natural: en los días claros se ve todo el pueblo y la llanura hacia Cuneo. La colina, por lo demás, merece la subida incluso sin el santuario. En 1153 se construyó allí una fortaleza que controlaba el territorio circundante, entonces paso obligado para mercancías, personas y ejércitos, y fue precisamente en Monserrato donde se encontraron Federico Barbarroja y Ramón Berenguer. Demolida y reconstruida varias veces, la fortaleza se derrumbó definitivamente poco después de la Revolución francesa: quedan una torre de guardia y un edificio que aquí llaman la chiesaccia. La parte de la colina donde se alzaba es hoy un parque dedicado al ingeniero Sebastiano Grandis. En mayo el santuario abre todos los días; los meses siguientes, los domingos por la tarde.
El consejo de la redacción
La fiesta titular cae el 27 de abril, pero la que de verdad se vive es la Natividad de María, en septiembre. La víspera, los partisanos del lugar llevan a hombros la estatua de la Virgen desde el santuario hasta la parroquia, al pie de la colina: lo hacen desde 1945 y nunca han dejado de hacerlo. Es el momento en que Monserrato deja de ser un mirador y vuelve a ser lo que siempre ha sido para el pueblo.
