La iglesia de los Santos Andrés y Poncio es la parroquial de Dronero y pertenece a la diócesis de Saluzzo. La doble advocación no es un capricho: recuerda los títulos de las dos antiguas pievi de la zona. La primera iglesia de Dronero se había levantado en el siglo XII; la que se ve hoy se comenzó en 1455, se terminó en 1461 y se consagró el 13 de octubre de ese mismo año.
Qué ver
La fachada mira a poniente y se corona con pequeñas agujas. Cuatro lesenas la dividen en tres partes: en las laterales se abren rosetones y ventanas geminadas, mientras que la central sostiene el portal, rematado por un gablete con un rosetón polilobulado. Sobre el portal corre una inscripción que fecha la consagración en el duodécimo día del mes de octubre y confía el templo a los dos santos titulares. Dentro, tres naves llevan a un presbiterio realzado un solo escalón y al ábside con deambulatorio, una solución poco común en una parroquial de valle. La cúpula es de 1722, según proyecto de Francesco Gallo, y la decoró Carlo Innocenzo Pozzo.
La visita
Entre las cosas que buscar están el órgano, construido en 1854 con 1602 tubos, y una pila de agua bendita que lleva la misma fecha que la iglesia, 1461. Hay además un crucifijo de madera tallado en el siglo XV y el monumento funerario de Giovanni Battista Caroli, hecho hacia 1584. La iglesia siguió cambiando durante siglos: la nueva sacristía se construyó entre 1782 y 1784, la capilla del Sagrado Corazón se añadió en 1876, la fachada se rehízo en 1882, el campanario se reformó en 1959 y el tejado se rehízo entre 2015 y 2017.
El consejo de la redacción
El documento más elocuente sobre esta iglesia no es una obra de arte sino un acta. En 1643 el obispo Francesco Agostino Della Chiesa hizo la visita pastoral y dejó constancia de que en la parroquial había unos quince altares y veintiocho tumbas, de que el suelo estaba roto en varios puntos y de que la sacristía no servía: ordenó rehacerlo todo. Doce años antes había pasado la peste, y la iglesia se había limpiado, enlucido y repintado para desinfectarla. Al entrar, intente imaginarla así: llena de altares privados, con las losas funerarias bajo los pies y los muros recién blanqueados contra el contagio.
