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Filatoio Rosso di Caraglio

📍 Caraglio, Piamonte · 53/100

El Filatoio Rosso está a las afueras de Caraglio y se construyó entre 1676 y 1678 por voluntad del conde Giovanni Girolamo Galleani, llegado de Bolonia al ducado de Saboya con la idea de levantar un palacio para hacer de él un torcedor de seda. Tardó dos años. Fue una de las primeras instalaciones sederas del ducado y de Europa y, junto con la coetánea de Venaria, es el origen de las hilanderías que en las décadas siguientes se multiplicaron por el Piamonte, de Alba a Busca, de Mondovì a Racconigi.

Qué ver

El conjunto se alza en tres plantas, con fachadas enlucidas en tonos claros y dos amplios patios interiores. De las seis torres circulares del perímetro, cada una con su escalera, quedan cinco: una fue alcanzada de lleno por una bomba de aviación durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el edificio servía de cuartel. El cuerpo de fachada tiene un par de torres con logia y una balaustrada de remate cargada de ánforas, un detalle que delata al comitente noble y hace pensar en un proyectista de corte: quizá aquel Amedeo di Castellamonte que Galleani conoció mientras se construía la sedería de Venaria. El nombre, en cambio, viene del rojo que los muros tomaron probablemente en el siglo XIX.

La visita

Dentro estaba toda la cadena: desde la morera cultivada en los campos de alrededor y la cría del gusano, hasta el hilo acabado. Las máquinas las movían cinco molinos alimentados con el agua del manantial Cèlleri, traída hasta aquí por un canal excavado a propósito con autorización ducal y de modo que no quitara agua a los campos, que usaban la de salida. Trabajaban aquí unas trescientas personas, en gran parte mujeres jovencísimas, y la especialidad era el organcín piamontés, un hilo de doble torsión que salía casi por entero hacia Francia y servía para la urdimbre de los tejidos destinados a la aristocracia. Hoy la hilandería alberga el museo de la sedería piamontesa, con reproducciones funcionantes de las máquinas de madera rehechas sobre los documentos de los archivos de Cuneo y de Turín.

El consejo de la redacción

Mírelo sabiendo que es una fábrica y no un castillo: las torres y la balaustrada con las ánforas servían para decir que el dueño era conde, pero detrás de esa fachada estaban los molinos, el agua y trescientas obreras. La producción siguió hasta 1936, cuando se detuvo también por la autarquía, que empujaba la viscosa y la fustina en lugar de la seda. Luego cuartel, bombas, décadas de abandono; en 1993 el Consejo de Europa lo definió el más insigne monumento de arqueología industrial del Piamonte, y en 1999 el Ayuntamiento de Caraglio lo compró para salvarlo.

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