El Sacro Monte de Arona quedó inacabado, y esa es su historia. El padre oblato Marco Aurelio Grattarola lo imaginó al día siguiente de la beatificación de Carlos Borromeo, en la altura detrás de la ciudad donde el santo había nacido; el arquitecto Francesco Maria Ricchino diseñó un arco de triunfo al pie del monte y tres senderos, con cinco capillas cada uno para contar la vida activa del santo y otras, más arriba, para la vida contemplativa. Se construyeron tres.
Qué ver
Hoy el conjunto lo forman el santuario de San Carlo, el coloso y aquellas tres capillas, elegantes en su clasicismo pero ya sin su aparato decorativo. En el santuario, sobre el altar mayor, hay un lienzo de Giulio Cesare Procaccini; detrás del altar se ha reconstruido la cámara del santo con el mobiliario que se salvó de la destrucción napoleónica de la Rocca, y entre las reliquias se guardan su mascarilla funeraria y su silla de manos.
La visita
Desde la explanada arranca la escalinata que lleva al basamento del coloso; frente a la iglesia está el seminario de San Carlo, ya terminado en 1640 y hoy sede de un centro escolar. El santuario se completó solo en 1725, con la cubierta: más de un siglo después de la primera piedra, celebrada por Federico Borromeo en julio de 1614 ante una multitud enorme.
El consejo de la redacción
Vale la pena saber por qué acabó así: murió el promotor, después llegaron la gran peste y la muerte del cardenal Borromeo en 1631. Cuando las obras se retomaron, en 1692, el arquitecto pontificio Carlo Fontana lo redimensionó todo, y de la idea original quedó sobre todo la estatua.
