La preceptoría de Sant'Antonio di Ranverso fue fundada por la orden hospitalaria de San Antonio de Viena a la entrada del valle de Susa, en los últimos años del siglo XII, por voluntad del conde Humberto III de Saboya. El nombre une la advocación a san Antonio abad y el topónimo rivus inversus, un canal que corría al norte de las cercanas colinas morrénicas. La donación del terreno a los canónigos está documentada en 1188: debían hacer de él una hospedería para peregrinos y a la vez un refugio para los golpeados por el fuego de san Antonio.
Qué ver
La iglesia es de gótico tardío de influencia francesa, y se reconoce por los tres gabletes que rematan los portales, decorados con placas de terracota y cerrados por pináculos. En el flanco izquierdo, aunque enteramente comprendido en el cuerpo de la iglesia, sube el campanario con tres pisos de ventanas geminadas, cuatro pináculos y una aguja octogonal del siglo XIV. Del hospital queda solo la fachada del siglo XV, con su gablete de terracota. Dentro, la nave central y las dos laterales están marcadas por pilares compuestos que alternan con amplias capillas cubiertas con bóvedas de crucería ojivales.
La visita
Los frescos son la razón principal para venir: los pintó Giacomo Jaquerio en la segunda década del siglo XV y se consideran una de las obras maestras del gótico tardío piamontés. Están la historia de la vida de san Blas, la Virgen entronizada entre santos, la Natividad, las historias de san Antonio abad; y en la sacristía un ciclo firmado con la vida de Cristo, que comprende una Anunciación, los santos Pedro y Pablo, la Oración en el huerto, los evangelistas en los plementos de la bóveda y, en la luneta, la célebre Subida al Calvario. En el ábside hay además un políptico de Defendente Ferrari de 1531, hecho como voto por la cercana Moncalieri durante la peste de aquel año.
El consejo de la redacción
Este sitio está aquí por una razón práctica: era una etapa de la vía Francígena, en los dos recorridos que bajaban del Moncenisio y del Montginebro antes de llegar a Rivoli y a Turín. Quien llegaba enfermo encontraba asistencia, y en la gran peste del siglo XIV el hospital aislaba a los contagiados y curaba las llagas con grasa de cerdo: por eso a san Antonio abad se lo pinta siempre con un cerdo al lado. Téngalo presente mirando las historias del santo en las paredes. Tras la supresión de la orden, en 1776 el papa Pío VI asignó todo a la Orden Mauriciana, que sigue siendo su propietaria; el conjunto es monumento nacional desde 1883.
