🏰 Castillos y palacios

Castellazzo

📍 Caluso, Piamonte · 43/100

El Castellazzo, il castlass en piamontés, es lo que queda de la fortificación medieval sobre la colina morrénica que domina Caluso. No era un castillo en sentido pleno, como el de la cercana Mazzè, sino una construcción militar levantada para controlar los caminos que pasaban al pie de la colina y llevaban a Ivrea y a Vische, hacia el Vercelés. Un acta de 1257 lo llama castellacium; un documento de finales del mismo siglo lo da ya como castrum.

Qué ver

De la fortificación queda un largo muro de ladrillo y piedra que corre por el filo, con un pilar de esquina todavía en pie y la hierba que sube hasta el arranque de las fábricas. Un poco más abajo, hacia el sur, están las ruinas de la iglesia de San Calocero, que formaba parte del mismo sistema fortificado. La posición explica más que cualquier descripción: desde allí arriba se vigila la llanura y se controla quién pasa, y es la misma razón por la que los romanos habían hecho de Caluso un oppidum cerrado que guardaba el camino hacia Eporedia, la actual Ivrea.

La visita

En 1316 Felipe de Acaya sucedió a los Biandrate en el feudo de Caluso y ocho años después hizo de él un bastión del partido güelfo en el Canavese: el castellazzo se reforzó hasta poder alojar una guarnición de 200 soldados, traídos a propósito desde Ivrea. En las guerras entre güelfos y gibelinos, las que el cronista del siglo XIV Pietro Azario relata en su De Bello Canepiciano, Caluso fue una espina en el costado de Juan II Paleólogo, marqués de Monferrato, que lo intentó varias veces enviando a sus mercenarios y fue siempre rechazado. En junio de 1349 logró por fin entrar en el pueblo y poner sitio a la fortaleza. En 1376 el feudo pasó a los Valperga di Rivara, que desde entonces se llamaron Valperga di Caluso y lo mantuvieron hasta 1537, cuando llegaron los españoles: el general Cesare Maggi desmanteló el castellazzo por miedo a que cayera en manos francesas, y nadie lo ha vuelto a levantar.

El consejo de la redacción

La colina llegó al siglo XX como una ruina cubierta de zarzas. El Ayuntamiento compró los restos en 1951 a los Mattirolo, herederos de los Spurgazzi, y durante años no pasó nada, hasta que en 1980 se desbrozó y se consolidó el muro de poniente. Vaya al atardecer, cuando el sol bajo toma el ladrillo de canto y lo enciende: es el momento en que se entiende lo largo que era aquel muro. Y recorra todo el filo en vez de detenerse en el primer tramo, porque la iglesia de San Calocero y el muro están en la misma altura y, vistos juntos, cuentan una sola cosa: un puesto militar y la iglesia que formaba parte de él.

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