La iglesia de San Calocero in castro se alzaba en la colina de Caluso, al sur del recinto amurallado del castillo, y su existencia se retrotrae a 1177. Hoy quedan de ella ruinas, pero bastan para reconocer su origen románico: lo dicen la parte baja de las fábricas y la orientación canónica hacia oriente, donde el edificio debía seguir y cerrarse con el ábside.
Qué ver
Vale la pena mirar de cerca la fábrica, porque en su trabazón hay englobados algunos lateres romanos, los ladrillos planos de época imperial: quien construyó la iglesia tomó el material donde estaba, y en Caluso estaba el legado del oppidum romano. Con algo de atención se entrevé, en el interior del lado sur, una hornacina rectangular, quizá destinada a las luces, y en el lado norte, el vuelto hacia el castillo, una puerta luego cegada: no se puede establecer si era la entrada principal o una secundaria. El resto es un cascarón de muros sin techo entre la hierba alta, con dos pilares de esquina todavía en pie.
La visita
La importancia de esta iglesia cabe en una palabra: castrense. No era la parroquia del pueblo, sino la iglesia del sistema fortificado, bajo la protección de los castellanos. Y los castellanos, desde la alta Edad Media, querían por patronos a santos guerreros: el san Miguel traído por los longobardos, cuyo patrocinio recorre toda la Edad Media en el Canavese, en Candia, en Rivarolo, en Brosso, en Strambino. En esa lógica no sorprende que en Caluso se eligiera a Calócero, mártir del calendario oficial: quien había defendido con valor su fe haría otro tanto por sus devotos.
El consejo de la redacción
No venga aquí esperando una iglesia: lo que se ve es una ruina, y hay que leerla como se lee una planta. Localice primero el eje este-oeste, imagine después el ábside donde los muros se interrumpen, y en ese momento la puerta cegada del lado norte cobra sentido: miraba hacia el castillo, es decir, hacia quienes entraban primero en esta iglesia. La visita se hace junto con el Castellazzo, que está en la misma colina unas decenas de metros más arriba; y la estación adecuada es el final del verano, cuando la hierba está alta y los ladrillos rojos son lo único que destaca sobre el verde.
