En 1810 un comerciante turinés, Giacomo Pio Juva, se hizo construir en medio de su finca una casa de veraneo con torre almenada. Las almenas, en aquella fecha, no defendían nada: eran un disfraz. Es el gesto típico de la burguesía del siglo diecinueve, que compraba la tierra de los nobles y luego se construía encima un castillo para parecer que llevaba allí desde siempre.
Qué ver
El palacete se alza en la Cascina Pascolo Nuovo, junto a la carretera de Airasca. La finca está documentada desde 1628, cuando la comunidad de Volvera la vendió a un conde Piossasco: era el gobernador de Pinerolo que pocos años después tuvo que capitular ante las tropas de Richelieu. Pasó luego a otro Piossasco, arcabucero del duque de Saboya y condecorado con el collar de la Anunciación.
A finales del siglo dieciocho la propiedad fue a parar a una obra pía de Villastellone, fundada por un rico comerciante que daba trabajo y alojamiento a los indigentes; incapaz de gestionarla, la revendió, y así llegaron los Juva. Junto con el palacete, Giacomo Juva hizo construir la torre y un campanario con su campana.
La visita
El conjunto está en Volvera, en la llanura al suroeste de Turín, junto a la carretera de Airasca; es propiedad privada ligada a una finca en activo, así que se mira desde fuera, desde la carretera. Un cuarto de hora.
El consejo de la redacción
Mire los campos de delante e intente imaginarles arroz. Entre el siglo dieciocho y el diecinueve parte de estas tierras era arrozal, risera en piamontés, y un mapa de mediados del dieciocho muestra delante de la finca también un viñedo extenso. La llanura turinesa ya no se parece a sí misma: cambia de cultivo cada dos generaciones, y las acequias son lo único que queda para contarlo.
