En Falmenta, el pueblo más poblado del Valle Cannobina, a 670 metros de altitud bajo el monte Zeda, un edificio a pocos pasos de la iglesia parroquial guarda la vieja prensa con la que, durante generaciones, se sacó aceite de las nueces. Es el Museo del Vecchio Torchio: pequeño, esencial y, precisamente por eso, fiel al valle que cuenta.
Qué ver
La pieza única es la prensa misma, la gran máquina de madera que da nombre al museo: en un valle alpino sin olivos, el aceite se exprimía de los frutos de los nogales, y aperos como este eran el eje de una economía de subsistencia de montaña. En torno al objeto, el museo reúne la memoria de un trabajo que la despoblación apagó: desde el siglo XIX el Valle Cannobina ha perdido a la mayor parte de sus habitantes, y la prensa se quedó para contar cómo se vivía aquí arriba.
El consejo de la redacción
El museo rinde mejor dentro del pequeño circuito museístico del valle: el ecomuseo del Lago y de los Montes en Lunecco y el pequeño museo del Gildo en Crealla, la aldea accesible por carretera asfaltada solo desde 2001. Media jornada entre las tres paradas devuelve más Valle Cannobina que cualquier mirador.
