La iglesia de la Beata Vergine Assunta se alza en la aldea de Piaggio, sobre un espolón rocoso en la orilla derecha del Ovesca, y tiene una forma que no se encuentra en otra parte: son dos iglesias superpuestas, con los ábsides pareados de una apoyados sobre los de la otra. Su posición elevada y la palabra castello, que aparece como topónimo en documentos antiguos, hacen pensar que la construcción primitiva fuera una capilla castrense al servicio de una fortificación que vigilaba la via francisca, la cual remontaba el valle y allí mismo se dividía entre el ramal hacia el valle Antrona y el de Domodossola.
Qué ver
La capilla más antigua es la del norte, hoy por debajo del nivel de la carretera: se llega a ella por una puerta bajo la sacristía y por un corredor subterráneo que atraviesa toda la iglesia. Se data en el siglo VIII o IX, época carolingia o incluso longobarda, lo que la sitúa entre los testimonios más antiguos de arquitectura sacra del Val d'Ossola. Es una sala única con ábside semicircular vuelto a oriente, iluminada por dos vanos de doble derrame, con restos de frescos. Más tarde se amplió excavando la roca hacia el oeste, doblando su anchura y añadiendo un segundo ábside.
La visita
En el siglo XI, quizá después de que una crecida del Ovesca hubiera enterrado la iglesia antigua, se construyó otra más arriba, con dos naves apoyadas exactamente sobre las viejas; para sostenerlas se reforzaron las salas inferiores con un pilar central y bóvedas de crucería, como se hace en las criptas. Y como cripta siguió funcionando la iglesia inferior, a juzgar por los frescos conservados, al menos hasta el siglo XV. Los muros de la iglesia nueva están hechos de cantos de río y mucho mortero, una técnica tosca comparada con la de la cercanísima San Bartolomeo. A finales del siglo XVI se abrieron dos arcos en el muro sur para enlazar una nave más pequeña, y en 1878 la puerta norte pasó a ser la entrada principal.
El consejo de la redacción
El motivo para llegar hasta aquí está en el ábside norte de la iglesia superior. En la bóveda de horno hay pintada una Trinidad en el altar: las tres Personas representadas como tres imágenes idénticas de Cristo, sentadas de frente a una mesa, cada una con el cáliz eucarístico. Es una de las representaciones más antiguas que se conocen de este tipo, y sorprende incluso a quien no se ocupa de iconografía. Debajo, en la pared curva del ábside, hay seis apóstoles en grupos de dos, separados por los vanos; otros seis debían de estar en el ábside sur. Los frescos se datan entre finales del siglo XII y el XIII, pero el estilo es el hierático del románico más antiguo, que en los valles alpinos resistió mucho tiempo.
