La iglesia madre de Sciacca lleva el nombre de la Virgen del Soccorso por un hecho que la ciudad nunca ha olvidado. Fundada en 1108 por Julieta la Normanda, hija del conde Roger y señora de la ciudad, la basílica conserva de su planta original los ábsides orientados a levante y los poderosos arcos góticos del siglo XV. Pero es en 1626, en plena epidemia de peste, cuando nace la devoción: durante una peregrinación un rayo golpeó los pies de la estatua de la Virgen y, cuenta la tradición, de aquel humo la ciudad sanó. Desde entonces la Virgen del Soccorso es patrona de Sciacca.
Qué ver
La fachada, barroca con ecos renacentistas y un solo campanario a la izquierda, juega con el contraste entre la toba y el revoco. Arriba destacan tres esculturas de los Gagini de 1541 —santa María Magdalena entre los frontones del portal, san Pedro y san Pablo en las hornacinas laterales—, obra de Giandomenico y Antonino Gagini. Dentro, tras la reconstrucción del siglo XVII, las antiguas columnas se convirtieron en poderosos pilares y los arcos ojivales pasaron a ser de medio punto. Levanta la vista hacia la bóveda de la nave central: está enteramente pintada al fresco por Tommaso Rossi en 1829, con el Trono de Dios y la corte celestial tomados del Apocalipsis y diez grandes cuadros sobre la vida de santa María Magdalena. Entre las capillas se conservan la pila bautismal de 1495 y una Virgen de Monserrato atribuida a Domenico Gagini.
La visita
El edificio que ves es el que se reconstruyó entre 1656 y 1686 según proyecto de Michele Blasco, después del derrumbe de una esquina, pero sobre los cimientos normandos: al entrar caminas literalmente sobre nueve siglos de historia. En 1991 Juan Pablo II la elevó a basílica menor.
El consejo de la redacción
Mira hacia arriba nada más entrar: la bóveda pintada por Rossi es el verdadero espectáculo de esta iglesia. Y busca las tres estatuas de los Gagini en la fachada: medio milenio de escultura siciliana concentrado sobre los portales, antes incluso de cruzar el umbral.
