Los orígenes del conjunto se remontan a 1150, cuando la condesa Adelasia de Adernò, sobrina del gran conde Roger I de Altavilla, quiso un monasterio dedicado a santa Lucía y confiado a la regla de la Orden de San Benito. De la fundación medieval queda poco: la iglesia y el monasterio que vemos hoy se levantaron en 1596, y la iglesia se reconstruyó a finales del siglo XVIII, cuando adoptó la forma monumental que aún la distingue en el tejido urbano de Adrano.
Qué ver
La fachada se desarrolla en tres cuerpos y está flanqueada por dos campanarios gemelos, coronado cada uno por una cúpula cuadrangular: un perfil que se reconoce de lejos. Cruzado el umbral, lo primero que atrapa la mirada es el coro de estilo rococó. Al avanzar hacia el primer altar te encuentras con la pintura que representa a santa Lucía conducida al martirio, atribuida a Giuseppe Rapisardi. Merecen atención también las pinturas del ábside y la decoración de la bóveda, mientras que los lienzos del primer altar de la izquierda y del segundo altar de la derecha se atribuyen a la escuela de Olivio Sozzi. Es un interior en el que la decoración pesa tanto como la arquitectura, según el gusto tardobarroco de la isla.
La visita
El monasterio ya no está habitado por una comunidad religiosa: hoy acoge la escuela secundaria de primer grado del «II Istituto Comprensivo Canonico Vincenzo Bascetta». La parte conventual tiene así una función cotidiana y escolar, mientras que es la iglesia la que custodia el patrimonio artístico y sigue siendo el eje de la visita.
El consejo de la redacción
Dedica unos minutos más al primer altar: el martirio de santa Lucía de Rapisardi y los lienzos de la escuela de Olivio Sozzi se leen mejor con una luz rasante, así que conviene entrar en un día despejado, cuando el sol corta las naves. Quien quiera profundizar encontrará en el volumen de Lina Scalisi dedicado al monasterio entre los siglos XVI y XVIII la historia menos visible de este conjunto.
