En una colina a poca distancia del mar, en el territorio de Tusa, hay una ciudad griega fundada en 403 antes de Cristo por una razón concreta: dar tierra a los sículos que habían combatido junto a Arconides de Herbita, y plantar un puesto en la frontera con la zona que controlaban los cartagineses. La ciudad tomó el nombre de su fundador.
Qué ver
El yacimiento conserva su trazado urbano en las terrazas de la colina: las calles empedradas que suben, los basamentos de las casas, la plaza pública con sus pórticos y los restos de las murallas. Arriba están los edificios sagrados, entre ellos el santuario que dominaba el poblado, y desde allí se ve toda la costa tirrena hasta las islas Eolias.
Con el desembarco de los romanos la ciudad se puso enseguida de su lado, y cuando Sicilia se hizo provincia obtuvo quedar libre y sin tributos: una condición rara, que la hizo crecer deprisa y le permitió seguir acuñando moneda propia, también de plata. El antiquarium junto a las excavaciones reúne las inscripciones, las monedas y el material hallado.
La visita
El yacimiento está en Santa Maria delle Palate, encima de Tusa, a unos diez minutos en coche de la carretera principal; entrada con billete y horarios más cortos en invierno, terreno en cuesta y poca sombra, así que mejor por la mañana. Hora y media.
El consejo de la redacción
Las monedas de la ciudad llevaban por emblema una columna con un perro encima, para decir que desde aquí se vigilaba el territorio. Mire el escudo del municipio de Tusa, en los documentos y en los carteles: ese perro sigue ahí. Veinticuatro siglos después, un símbolo acuñado en una moneda griega continúa en servicio.
