🏺 Sitios arqueológicos

Pantalica

📍 Ferla, Sicilia · 77/100

Las paredes de los dos cañones están perforadas como un panal: celdas cuadradas excavadas en la caliza, una junto a otra, durante kilómetros. Son tumbas. El recuento tradicional habla de 5.000; la prospección más reciente se queda algo por debajo de las 4.000. Las abrieron los sículos entre los siglos XIII y VII a.C., después de que los asentamientos costeros quedaran abandonados y la población se encerrara en este espolón entre el Anapo y el Calcinara, defendido por valles casi impracticables. Pantalica aguantó unos seiscientos años, del 1250 al 650 a.C. aproximadamente; algunos arqueólogos la identifican con Hybla, la ciudad del rey Hyblon que, según Tucídides, cedió a los megarenses el terreno donde en el 728 a.C. nació Mégara Hiblea. Desde 2005 es patrimonio de la humanidad de la UNESCO junto con Siracusa.

Qué ver

Se han reconocido cinco necrópolis y se recorren por senderos y miradores. La de Filiporto, en el lado de Ferla, reúne casi mil tumbas y discurre junto a un enorme foso tallado en la roca: obra militar griega, probablemente del siglo IV a.C., quizá ligada a las defensas de Dionisio de Siracusa. La del Noroeste está entre las más antiguas, siglos XII y XI a.C.; la de la Cavetta alterna tumbas y casas rupestres; la del Norte es la más rotunda, mil celdas en paredes verticales sobre el Calcinara; la del Sur sigue el Anapo durante más de un kilómetro.

En lo alto del espolón está el anaktoron, el llamado palacio del príncipe: el único edificio de piedra del yacimiento, bloques escuadrados y salas rectangulares, excavado por Paolo Orsi. Su fecha se discute, bronce final para algunos, pero el uso bizantino es seguro: lo dicen las tejas y la cerámica. Bizantinos son también los poblados excavados en la roca y los tres pequeños oratorios rupestres, la Grotta del Crocifisso, San Nicolicchio y San Micidiario, donde sobreviven restos muy débiles de frescos, un Pantocrátor entre dos ángeles. En la necrópolis de San Martino, el hipogeo de Dionisio lleva en la entrada una inscripción: «Dionisio, que sirvió como presbítero de la Iglesia erguitana durante 34 años, duerme aquí el sueño eterno».

La visita

No hay una entrada única ni un recorrido único: Pantalica se camina. Dos accesos: desde Ferla una carretera sube en coche a la meseta; por el lado de Sortino se baja a pie por la vieja vereda de mulas y se cruza el Calcinara. Por el fondo del valle discurre el trazado del ferrocarril desmantelado en 1956, hoy un sendero llano entre túneles y puentes, con la vieja estación restaurada y paneles sobre fauna: la forma más cómoda de estar dentro del cañón. Para las necrópolis mayores y el anaktoron hace falta un día entero, calzado de montaña y agua en la mochila, porque a mediodía casi no hay sombra. Todo el conjunto es reserva natural: Pantalica, valle del Anapo y Cava Grande.

El consejo de la redacción

Nosotros unimos la caminata al museo arqueológico Paolo Orsi de Siracusa: los ajuares salidos de estas tumbas, vasos rojos bruñidos, fíbulas de bronce, anillos, puñales, están allí, y sin ellos las paredes se quedan en un muro de agujeros. Y vayan con luz baja, a primera hora o al final de la tarde: rasante, dibuja las celdas una a una, y el cañón deja de ser un paisaje para volverse un censo.

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