En 1590 el gran duque Fernando I de Médici hizo construir a Bernardo Buontalenti, en el punto más alto de la colina de Boboli, una fortaleza en estrella con la villa blanca en medio: servía para defender el Palacio Pitti y el Oltrarno, para mostrar el poder de los Médici a quien alzara los ojos, y sobre todo para garantizar al gran duque una vía de fuga. El Corredor Vasariano, que desde el Palacio Vecchio pasa sobre el Ponte Vecchio y atraviesa el Pitti, acababa aquí: en caso de revuelta la familia podía cruzar la ciudad sin poner un pie en la calle. En el fondo de un pozo excavado dentro de la villa se ha encontrado una cripta secreta, quizá para el tesoro familiar, protegida por trampas conectadas al mecanismo de apertura.
Qué ver
La vista, que es la razón del nombre: desde los baluartes se ve Florencia entera, la cúpula de Brunelleschi, el campanile de Giotto, el Palacio Vecchio, el Arno con los puentes, y del otro lado las colinas con los olivos y las villas. Es el mejor panorama de la ciudad, mejor que el piazzale Michelangelo porque está más alto, más cerca y sin autocares.
La fortaleza en sí: la rampa acordonada y abovedada por la que se arrastraban los cañones, los baluartes en estrella con los frentes en tenaza que Buontalenti diseñó mirando los proyectos de Antonio da Sangallo, y en medio la villa del Belvedere, blanca y de tres plantas, que no tiene nada de militar y es una villa medicea metida en un fuerte. Los prados de las terrazas están abiertos y uno puede sentarse. Desde el baluarte norte un pasaje cubierto lleva a las rampas que bajan al jardín de Boboli.
La visita
El fuerte está en la costa San Giorgio, a veinte minutos a pie cuesta arriba desde el Ponte Vecchio o a diez del Palacio Pitti por Boboli; es del ayuntamiento, y abre en verano con las exposiciones de arte contemporáneo que se celebran cada año, con entrada; fuera de temporada permanece cerrado. Hora y media con la exposición, media hora para la vista. La subida es empinada: hágala por la mañana.
El consejo de la redacción
Suba una hora antes del atardecer y dé la vuelta completa a los baluartes, no se pare en el primer mirador: al norte está Florencia, al sur las colinas de Arcetri donde Galileo pasó sus últimos años bajo arresto, y en medio está la razón por la que los Médici construyeron aquí. Luego siéntese en el prado con la cúpula delante y espere a que se enciendan las luces.
