No todas las fortalezas sirven para defender una ciudad: algunas sirven para sujetarla. Alejandro de Médicis, de vuelta en el poder tras el asedio de 1530 que acabó con la última república florentina, mandó construir una pegada a las murallas y se la hizo pagar a los propios florentinos. El proyecto es de Pier Francesco da Viterbo y Antonio da Sangallo el Joven, las obras empezaron en 1534, y el resultado es uno de los primeros ejemplos del mundo de frente abaluartado a la italiana: muros bajos, gruesos, inclinados, hechos para encajar los cañonazos en vez de derrumbarse.
Qué ver
La forma se lee bien desde las avenidas que la rodean: un pentágono irregular con baluartes en punta de lanza en las esquinas, el foso y el paramento de piedra dura labrada en almohadillado, que da al conjunto un aire deliberadamente amenazador. En el centro se alza la torre del homenaje, la de la vieja puerta a Faenza englobada en la construcción nueva: la parte medieval que el siglo dieciséis se quedó dentro.
Hoy la fortaleza es el recinto ferial y de congresos de Florencia: en los pabellones se hacen los desfiles de moda, los salones y los conciertos, y la gran explanada interior cambia de función cada semana. En uno de los edificios trabajan los restauradores del Opificio delle Pietre Dure, que aquí curan pinturas, papel, tejidos y esculturas de madera llegados de toda Italia. Es el reverso exacto de su historia: construida para amenazar, hoy se repara en ella lo que el tiempo ha roto.
La visita
La fortaleza está en las avenidas, a diez minutos a pie de la estación de Santa Maria Novella; el perímetro y el foso se ven siempre y gratis, mientras que el interior abre con motivo de ferias y eventos, con entrada propia según la ocasión. Los laboratorios de restauración no están abiertos al público. Veinte minutos para la vuelta exterior.
El consejo de la redacción
Dé la vuelta a pie por el foso, del lado de las avenidas, y párese en la esquina de un baluarte: desde ahí se ve cómo la fábrica se ensancha hacia abajo y cómo las troneras cubren toda la base del muro, sin un solo punto muerto. Mire después hacia dónde está vuelta la fortaleza. No hacia el campo: hacia el centro. Quien la construyó sabía perfectamente de dónde iba a venir el peligro.
